Carla Peterson se sinceró sobre su hijo, Gaspar, y aseguró que no quiere que siga los pasos de Martín Lousteau
La actriz conversó sobre el presente de su hijo adolescente y manifestó su deseo de que el joven encuentre su propio camino lejos de las tensiones del ámbito político.
En un reciente paso por el programa de radio Vuelta y Media, emitido por Urbana Play, Carla Peterson compartió detalles íntimos sobre la personalidad y los intereses de su hijo, Gaspar. Al reflexionar sobre el futuro del joven de trece años, la actriz se refirió a las expectativas profesionales y dejó en claro que prefiere verlo desarrollar sus talentos en el terreno artístico antes que en las responsabilidades del ámbito público.
Carla Peterson y Martín Lousteau.
La charla, que transcurrió con total naturalidad, permitió que el equipo liderado por Sebastián Wainraich, junto a Julieta Pink y Pablo Fábregas, indagara sobre el presente de la familia. Ante la consulta humorística sobre si sería preferible que el adolescente se dedique al teatro en lugar de seguir la carrera política de Martín Lousteau, ella respondió entre risas que definitivamente elegiría esa opción para él.
Esta inclinación no resulta casual, ya que Gaspar manifiesta desde pequeño una clara afinidad por el mundo escénico y audiovisual. Peterson destacó con entusiasmo que el joven disfruta frecuentemente de ver películas, consume teatro y demuestra una aptitud especial para memorizar textos complejos, lo cual alimenta la ilusión de su madre. La artista observó con orgullo cómo su hijo explora estos intereses creativos con una dedicación que parece natural en él, construyendo su propia identidad en un entorno donde las artes siempre tienen un lugar destacado. Para ella, resulta fundamental que el adolescente pueda nutrir su vocación personal con total libertad, independientemente de las intensas trayectorias que sus padres recorrieron a lo largo de sus respectivas carreras en la televisión y la economía nacional.
Carla Peterson contó en qué se parecen Gaspar y Martín Lousteau
Más allá de la vocación artística, la actriz subrayó durante la charla en la radio que Gaspar comparte rasgos fundamentales con el economista. Peterson afirmó con seguridad que el joven se asemeja mucho a su papá en la manera de desenvolverse en el día a día, un hecho que ella celebra con agrado y complicidad. Al profundizar sobre los hábitos cotidianos, la protagonista de grandes éxitos televisivos señaló que el orden y la minuciosidad son pilares en la forma de actuar de ambos.
Martín Lousteau junto a su hijo Gaspar.
La actriz explicó que, al igual que Martín, su hijo analiza cada elemento que manipula con un detenimiento casi obsesivo, siempre encontrando algún detalle particular en las cosas que agarra. Esta forma de proceder en la vida hogareña demuestra una clara continuidad en las costumbres que la familia cultiva desde hace tiempo.
En el marco de la convivencia, Peterson incluso relató con humor cómo se distribuyen las tareas diarias, mencionando la particular relación que su pareja tiene con la limpieza del hogar. Mientras ella admite que evita ciertas labores domésticas por falta de paciencia, señaló que “para Lousteau realizar tareas como lavar los platos resulta algo casi terapéutico”. Según la actriz, el agua y el orden del lavavajillas funcionan como una especie de feng shui para el diputado, una actividad que le permite organizar su mente tras largas jornadas de gestión.
Gaspar junto a Carla Peterson.
Esta dinámica de roles dentro de la casa permite apreciar el equilibrio que existe entre la meticulosidad del economista y la impronta artística que la actriz aporta a la cotidianidad. Aunque la estructura y el orden minucioso provienen directamente del lado de Lousteau, estos rasgos conviven armoniosamente con la sensibilidad creativa que Gaspar heredó de su madre. La familia se nutre de este balance, donde la capacidad de análisis del padre se fusiona con la pasión por el arte que Peterson transmite en su labor diaria. El joven crece observando la aceptación mutua y el respeto por las profesiones individuales de sus padres, un aprendizaje fundamental que marca sus días y le permite absorber lo mejor de cada uno sin presiones externas.
Al final, parece que el hijo de Carla Peterson heredó lo mejor de ambos mundos: la capacidad de análisis y el orden de su padre para dejar los platos relucientes, pero con la chispa necesaria para brillar bajo los reflectores. Quizás, el futuro le depare un papel protagónico donde, entre escena y escena, encuentre el tiempo perfecto para organizar la vajilla de su propio hogar.