Nos enseñaron que el bienestar era el producto de aspectos externos: comodidad, reconocimiento, seguridad... Eso nos coloca en una carrera incesante en la búsqueda de alcanzar esas condiciones que nos van a dar el bienestar que buscamos. Y esa carrera nos lleva a un lugar de insatisfacción permanente, al ver que todavía no logramos alcanzarlos. O, lo que es peor, incluso habiendo alcanzado alguno de ellos o todos, el vacío interior se mantiene, y el miedo de perderlos anula toda posibilidad de bienestar.
Entonces, ¿cómo sentirse bien de manera sostenida? La clave es dejar de asociar el bienestar con aspectos externos y efímeros. Probablemente, tu mente en este momento te esté diciendo que esto es resignación, autoabandono o conformismo. Pero es lo opuesto. Para poder alcanzar un bienestar independiente de lo externo es necesario un cambio de paradigma, atrevernos a cuestionar los pilares sobre los que se apoya nuestra mirada del mundo. Vivimos en una trampa y no lo sabemos; la puerta de salida es sólo para valientes que se animan a ir más allá de lo aprendido.
El primer paso es comprender quiénes somos, y a qué vinimos a este planeta. Si creemos que somos simples humanos, o empezamos a reconocernos como seres divinos viviendo una experiencia humana. Y con “divinos” no apunto necesariamente a un plano religioso, me refiero a nuestro aspecto “no físico”, ese aspecto que todos sentimos, pero que generalmente consideramos accesorio, cuando es principal. No somos cuerpos que tienen un alma; somos almas que tienen un cuerpo como vehículo para vivir su experiencia humana.
El segundo paso es conocer que el alma que somos, encarnada en nuestro biotraje, vino a este plano con un propósito de aprendizaje, con un plan pedagógico a trascender. Y cuanto antes lo conozca y me disponga a superarlo, antes llegará la satisfacción a mi vida. Recuerda la vez que aprendiste alguna habilidad: conducir, cocinar, andar en bicicleta, y la satisfacción que sentiste cuando viste que ya la dominabas. Creer que vinimos para estar cómodos sólo nos genera frustración y resentimiento.
Finalmente, entrenar el cerebro para convertirlo de enemigo a aliado en el proceso de crear un bienestar sustentable e independiente del entorno, y aprovechar el mapa que nos brinda el Eneagrama, aportando claridad en el camino.
Todo esto es el método ENE (Evolución-Neurociencia-Eneagrama), para quienes estén listos/as para crear su propio bienestar, y que deje de ser el resultado de vaivenes externos.
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