¿Alguna vez probaste bailar sin que nadie te vea? Sacudirte al ritmo de la música, sin pensar tanto, dejarte llevar por los sonidos y por lo que pedía tu cuerpo instintivamente.
Como si, por un ratito, se te olvidaran todos los pendientes, todas las preocupaciones.
Muchas veces logro poner lo que me pasa en palabras, pero otras simplemente no me sale.
Lo siento en el cuerpo: como un nudo en la panza, vacío o presión en el pecho. Y en esos momentos trato de buscar otros caminos. Ahí es donde el arte puede convertirse en una herramienta terapéutica muy poderosa.
Pintar, escribir, bailar o conectar con distintas texturas a través de los sentidos permite que aparezcan emociones, recuerdos y pensamientos que estaban guardados o incluso desconectados de nuestra conciencia. El arteterapia no se trata de “hacer algo lindo” ni de tener talento artístico. Se trata de usar la creatividad como puente para expresarnos.
En mi experiencia profesional, al coordinar talleres y acompañar procesos terapéuticos desde @entrenubes.psi, vi muchas veces cómo personas que decían “no sé qué me pasa” podían empezar a entenderse a través de una hoja en blanco. También lo viví personalmente. El arte fue para mí una forma de canalizar emociones, ordenar pensamientos y conectar conmigo misma en momentos donde las palabras no alcanzaban.
Crear tiene algo profundamente reparador: nos devuelve presencia, registro emocional y, muchas veces, calma.
Desde la terapia cognitivo-conductual entendemos que expresar emociones ayuda a disminuir la intensidad de las mismas y generar nuevas perspectivas. El arte facilita justamente eso: descargar y transformar. Sacar el ruido de la cabeza y transformarlo en algo visible. Y cuando algo puede verse, también puede trabajarse.
Vivimos en una sociedad hiperproductiva, acelerada y sobreestimulada, donde muchas veces estamos más conectados con el rendimiento que con lo que sentimos. El arte invita a hacer una pausa. A bajar la velocidad. A habitar el presente.
No hace falta ser artista para crear. A veces alcanza con elegir colores, escribir una frase, dibujar una emoción o dejar que la mano se mueva sin pensar tanto.
Porque el arte no siempre da respuestas, pero muchas veces abre caminos.
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