viernes 29 de mayo del 2026

Lic. Magdalena Fullone: “El aburrimiento no es el enemigo: se acompaña sin pantallas, para aprender mejor en la escuela”

Magdalena Fullone (Mat. 187034 Bs. As. // PP117 Sta. Cruz) es una reconocida psicopedagoga que acompaña a familias y a Instituciones en el apasionante camino del aprender. Hoy reflexiona sobre el aburrimiento de los niños y el rol clave de la familia para potenciar los aprendizajes.

Lic. Magdalena Fullone: “El aburrimiento no es el enemigo: se acompaña sin pantallas, para aprender mejor en la escuela”
Lic. Magdalena Fullone: “El aburrimiento no es el enemigo: se acompaña sin pantallas, para aprender mejor en la escuela” | CONTENT CARAS LIKE
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¿Qué podemos hacer los padres frente a la tan insistente frase “Ma, me aburro”?
Esa frase, tan cotidiana, muchas veces nos incomoda. Nos apura, nos exige una respuesta y nos empuja a “hacer algo” para que ese malestar desaparezca. Pero ¿y si ese momento no fuera un problema que hay que resolver, sino una oportunidad que estamos por interrumpir?
En una cultura donde todo es inmediato, el aburrimiento se volvió difícil de tolerar… y no solo para los niños, también para nosotros como adultos. Si frente a cada incomodidad aparece una solución rápida: una pantalla, un estímulo, una distracción, sin darnos cuenta, evitamos que transiten ese pequeño “vacío” donde podrían empezar a ejercitar ciertas habilidades necesarias para el aprendizaje.

Entonces, ¿cuáles serían esas habilidades para el aprendizaje?
Paciencia, esfuerzo, aceptación del error, tolerancia de los tiempos en los procesos del aprender que no son inmediatos. El ejercicio de frustrarse un poco y volver a intentar. Y acá cabría preguntarnos: ¿cómo le pedimos a un niño que sostenga la atención en una tarea o en un libro si no tiene experiencia en esperar, en aburrirse, en no abandonar rápido? Cuando el aburrimiento no encuentra lugar en casa, el aula se vuelve mucho más desafiante.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer como madres y padres?
No se trata de desatender ni de “dejarlo solo” con su malestar. Se trata de acompañar de una manera diferente: animarnos a no responder enseguida y sostener ese momento incómodo. Durante las esperas, un viaje oenun rato sin actividad, es ahí donde algo valioso puede empezar a pasar: tal vez dibuje, invente, imagine… o simplemente espere. Pero en ese “no hacer”, ya está haciendo mucho.

Para cerrar: ¿qué relación tiene todo esto con la escuela?
Cuando un niño recurre a sus propios recursos, se pone a jugar, crea, prueba y aprende a confiar en lo que puede hacer por sí mismo. Esa confianza es una base profunda para aprender mejor. Aprenden que no todo es inmediato, que hay procesos y que existe una incomodidad que se puede tolerar sin salir corriendo a evitarla.
En definitiva, acompañar el aburrimiento es animarnos a hacer menos para que ellos puedan hacer más: tolerar frustraciones, entrenar paciencia y autonomía; habilidades que la escuela necesita todos los días.

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