¿Qué pasa cuando el cuerpo insiste en mostrar lo que la mente intenta callar? A veces, un síntoma persistente puede ser mucho más que una molestia física: puede ser un mensaje emocional encriptado, esperando ser escuchado.
Eso le ocurrió a una mujer que llegó a consulta tras años de luchar contra una tos crónica. Había visitado neumonólogos, otorrinolaringólogos y probado múltiples tratamientos, pero nada lograba darle alivio. Los estudios médicos no encontraban una causa orgánica. El síntoma aparecía en momentos puntuales, como una carraspera nerviosa, algo “atorado” que no lograba soltar. Esa persistencia fue la que la llevó a probar con la biodescodificación.
En biodescodificación, cada síntoma tiene un codificante, un posible conflicto simbólico detrás. En el caso de la tos, muchas veces se la vincula con algo “atorado”: palabras no dichas, emociones guardadas. Y eso fue lo que se reveló en su historia. Al revisar los momentos en que la tos había comenzado, surgieron recuerdos de frases que había querido pronunciar, conversaciones que habían quedado inconclusas y vínculos que se cortaron sin despedidas.
Decidimos entonces trabajar con un recurso muy utilizado en biodescodificación: las cartas de duelo. Estas cartas permiten expresar lo que quedó guardado, lo que nunca pudo decirse. El proceso no termina en la escritura: el paso siguiente es realizar un acto simbólico, como la quema de la carta, que envía al inconsciente el mensaje de que ese peso puede ser liberado.
La paciente se tomó el tiempo para escribir con intención todo lo que necesitaba soltar. Tras el ritual de la quema, me contó semanas después que hasta su vecina se había sorprendido de no escucharla toser más. Ese simple detalle le confirmó que algo había cambiado: por primera vez en años, su cuerpo estaba en calma.
A partir de esa experiencia, ella misma sintió entusiasmo por seguir escribiendo otras cartas, comprendiendo que la sanación no se da de un día para el otro, sino que requiere tiempo para que las viejas creencias se destruyan y se formen nuevas conexiones emocionales.
Este caso me recuerda que la intención que ponemos en cada proceso es lo que marca la diferencia. El cuerpo encuentra su propio lenguaje para decirnos lo que aún no logramos expresar en palabras. Escucharlo es el primer paso hacia la transformación.
Belén Mugeri, psicóloga y terapeuta holística
Instagram: palabrasbondadosas.belu
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