El comienzo de una terapia con niños es un momento fundante, no solo inaugura un espacio clínico, sino que también abre interrogantes, expectativas y, muchas veces, cierta incertidumbre tanto en el niño como en su familia. La terapia infantil implica siempre una dimensión vincular.
Los adultos suelen presentar motivos de consulta concretos sobre los niños, como dificultades en la conducta, problemas escolares, ansiedad, miedos o inhibiciones.
Sin embargo, en el despliegue de las entrevistas, muchas veces emerge otra dimensión: la de las preocupaciones, angustias o conflictos de los propios padres y/o adultos a cargo.
Esto lleva a una pregunta central en la clínica: ¿Quién consulta realmente?
El niño, en muchos casos, se presenta como portavoz de algo que no logra ser dicho en el entramado familiar.
En la clínica con niños, el síntoma no se aborda únicamente como algo a eliminar, puede tratarse de una respuesta a situaciones que no logran simbolizar, una manera de expresar un malestar vincular, un modo de inscribirse en la dinámica familiar, etc.
En algunos casos, cuando el niño comienza a cambiar, esto genera movimientos en la dinámica familiar, ya que el síntoma podía estar cumpliendo una función de equilibrio.
Desde esta perspectiva, el niño no es el “problema”, sino quien lo pone de manifiesto.
El inicio del tratamiento incluye entrevistas con los adultos responsables, las cuales cumplen una función central: reconstruir la historia del niño o de la niña, comprender el contexto familiar, conocer los estilos de crianza, construir una alianza terapéutica. Además, abren un espacio donde los padres pueden comenzar a pensarse en su función como tales muchas veces por primera vez desde otra perspectiva.
Iniciar una terapia con un niño es abrir un espacio donde no solo se escucha al niño, sino también a los vínculos que lo constituyen, porque, en definitiva, cuando un niño expresa un malestar, también está diciendo algo de la trama familiar, de su entorno.
Acompañar ese proceso implica alojar, comprender y trabajar no solo con el síntoma, sino con la red de relaciones en la que ese síntoma adquiere sentido.
Consultar a tiempo permite orientar, prevenir y acompañar el desarrollo emocional del niño.
Lic. Marcela Salias Duarte
Psicóloga UBA
MP 58838
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