Hay un tipo de cansancio que no se ve. No se soluciona descansando un poco más ni tomándose un fin de semana libre. Es un cansancio emocional, profundo y silencioso.
Es el cansancio de sostener. Sostener el trabajo, la familia, los vínculos, las responsabilidades.Sostener lo que otros esperan. Sostener incluso cuando ya no hay energía.
En mi experiencia acompañando procesos de transformación personal, cada vez más mujeres llegan atravesando este tipo de agotamiento. Mujeres que han sido fuertes durante mucho tiempo, que han podido con todo… hasta que algo se quiebra por dentro.
Porque no es que no puedan. Es que están sosteniendo demasiado hace mucho tiempo.
“No es falta de capacidad. Es exceso de carga emocional.”
La autoexigencia no siempre se reconoce como un problema. Muchas veces aparece disfrazada de responsabilidad, de compromiso o incluso de amor hacia los demás.
Pero cuando no hay registro de los propios límites, cuando no hay espacio para la pausa o el descanso sin culpa, esa exigencia empieza a pasar factura. Y ahí aparece una sensación muy frecuente: la de que nunca es suficiente.
No importa cuánto se haga.
Siempre parece faltar algo más.
Siempre hay algo que podría haberse hecho mejor.
Este modo de vivir no solo genera desgaste, también desconecta a la persona de sí misma.
Porque cuando toda la energía está puesta en sostener hacia afuera, se pierde el contacto con lo que pasa adentro:
Con lo que duele,
Con lo que cansa,
Con lo que ya no se quiere seguir sosteniendo.
En muchos casos, este momento coincide con una crisis vital: una separación, un cambio laboral, una etapa de transición o una sensación interna de vacío.
Y aunque incomoda, también puede ser una oportunidad.
Una oportunidad para revisar desde qué lugar se está viviendo.
Para preguntarse:
¿Desde dónde estoy sosteniendo todo esto?
¿Es una elección o una exigencia?
¿Qué pasaría si dejo de poder con todo?
“Ser fuerte todo el tiempo también cansa.”
En los procesos de acompañamiento emocional, este suele ser el punto de inflexión. Cuando la persona deja de responder automáticamente a la exigencia y empieza, por primera vez en mucho tiempo, a escucharse.
Volver a una misma no implica dejar de ser fuerte. Implica dejar de exigirse tanto.
Aprender a reconocer los propios límites.
Validar el cansancio.
Permitirse parar sin culpa.
Porque no se trata de hacer menos,
sino de sostenerse mejor.
Y en ese camino, no tener que hacerlo sola también es parte de la transformación.
Silvana Esposito
Counselor & Coach Ontológico
Acompaño procesos de bienestar emocional y transformación personal
Instagram : @clr.silvana.esposito
Whatsapp : +5491150178732
Lic. Georgina Giuliodori: Psicología práctica para comprender y acompañar la infancia
Nax Artig: la estilista que transformó el cabello natural en una experiencia de identidad
El nuevo lujo: aprender a vivir sin estar en alerta
FL Unisex Hair Studio celebra 17 años marcando tendencia en San Francisco
El ajuste interior: el lado B de la motosierra
Pierre Gasly, nuevo embajador de Givenchy: “Soy un hombre lento, muy tranquilo”
Así fue la luna de miel de lujo de Nicolás Cabré y Rocío Pardo en Aruba: paraíso, glamour y amor