En una reciente charla íntima durante el programa Otro día perdido, Agustín “Soy Rada” Aristarán se sinceró sobre el verdadero costo que le dejó encabezar una de las producciones teatrales más grandes de los últimos tiempos y reconoció que necesitó ayuda profesional para procesar semejante nivel de desgaste.
Soy Rada: El precio de interpretar a un clásico y el impacto en el cuerpo
Ponerse en la piel de un personaje tan complejo y camaleónico como Willy Wonka en la superproducción de Charlie y la Fábrica de Chocolate implicó un despliegue de energía descomunal. Soy Rada lideró un show de gran magnitud en el teatro Gran Rex, donde combinó actuación, canto, baile y una exigencia corporal permanente que desafiaba sus propios límites función tras función.
Aunque el proyecto se convirtió en un hito ovacionado por miles de espectadores y consolidó su lugar de privilegio en la cartelera porteña, el ritmo vertiginoso de trabajo pasó factura en su salud. Durante una charla en Otro día perdido, el artista recordó aquel período con absoluta honestidad y admitió que su cuerpo reflejaba el cansancio acumulado.
En ese sentido, confesó que sufrió una marcada pérdida de peso debido a la intensidad de los ensayos y las funciones, un cambio físico notorio que encendió las alarmas. Al referirse a su imagen de esos meses, resumió sin vueltas: “Estaba demacrado”. Su entorno más cercano y sus seguidores notaron el impacto, evidenciando que la presión del circuito comercial muchas veces opera en silencio sobre quienes pisan el escenario.
El desgaste no solo implicaba pararse frente al público y sostener la energía de un musical familiar de gran escala, sino también lidiar con una balanza que marcaba variaciones bruscas por el estrés. “Uno a veces se sube a un tren en marcha y le cuesta mucho frenar o mirar a los costados para ver cómo está de verdad”, reflexionó el actor al repasar aquellos meses de funciones múltiples, donde el descanso real brillaba por su ausencia y las horas de sueño se achicaban al mínimo indispensable.
El quiebre y el paso hacia la terapia por Soy Rada
Sostener semejante nivel de exposición y responsabilidad artística no resulta gratuito para nadie. Lejos de romantizar el sufrimiento o refugiarse en la autogeneración de una imagen indestructible que el medio a veces demanda, el artista entendió que era momento de poner un freno y revisar qué le pasaba por dentro a nivel emocional y físico.
Ese quiebre lo condujo a tomar una decisión clave para cuidar su bienestar integral: iniciar un espacio terapéutico. Al reflexionar sobre este cambio de postura frente a las señales de alarma que le enviaba su organismo, explicó: “Dejé de negarlo, básicamente”. Con esta frase simple y directa, Soy Rada dejó en claro que la autoexigencia y la vorágine de la vida pública necesitaban ser abordadas desde un lugar de mayor madurez, aceptando que ponerle palabras a lo que pasa es fundamental para salir adelante.
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