Si algo define la estética que Cande Vetrano y Andrés Gil eligieron para su casa es la búsqueda constante de la armonía visual y la calidez. Lejos de los universos infantiles saturados de estímulos, el playroom de su hijo Pino se plantea como una extensión natural del diseño interior de la propiedad.
Cada elemento cumple una función estética y práctica específica, priorizando materiales nobles como la madera clara y una paleta cromática serena que invita al descanso, al orden y al juego consciente.
Cande Vetrano y Andrés Gil eligen una cocina Montessori y el juego autónomo para Pino
El gran acierto del espacio es la incorporación de una cocina de juguete de inspiración Montessori en color amarillo, acompañada de una vajilla y pequeños accesorios adaptados a la escala real del niño. Esta corriente pedagógica prioriza la autonomía y la libertad de movimiento, permitiendo que los más chiquitos de la familia alcancen los objetos sin dificultad y participen de actividades cotidianas simuladas para fomentar su independencia temprana.
Este sector estimula la creatividad libre mediante la imitación de roles adultos, convirtiéndose en el epicentro lúdico del espacio. Como contraste sofisticado al sector infantil, el fondo de la sala está protagonizado por un mueble bajo de madera clara y tiradores disimulados que ocultan los juguetes y optimizan el guardado.
Sobre esta estructura descansa una gran pantalla de plasma horizontal, perfectamente integrada a la pared para disfrutar de momentos de entretenimiento familiar sin romper con la elegancia del ambiente. Todo el conjunto se apoya sobre un suelo de mosaicos calcáreos con un patrón geométrico de impronta vintage, un detalle que aporta textura, carácter y un encanto indiscutible a la arquitectura interior.
El playroom de Cande Vetrano y Andrés Gil: minimalismo cálido y sello de autor
La arquitectura del cuarto de juegos equilibra el minimalismo moderno con detalles hogareños que evitan cualquier sensación de frialdad ambiental. Los textiles de fibras naturales, los libros cuidadosamente dispuestos en repisas accesibles y la entrañable compañía de la mascota familiar descansando sobre los mosaicos completan una atmósfera viva y afectiva.
En definitiva, Cande Vetrano y Andrés Gil logran plasmar una visión de la crianza respetuosa también desde el interiorismo, demostrando que los espacios para niños pueden convivir en perfecta sintonía con el buen gusto, el diseño de autor y la elegancia cotidiana.
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