Andrea Frigerio (Instagram)
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Así es la casa de Andrea Frigerio y su esposo: laboratorio de perfumes, mucho arte y sello personal

Arte, aromas y detalles cotidianos conviven en un hogar donde cada ambiente refleja una búsqueda estética propia.

Con una estética sobria pero cargada de identidad, Andrea Frigerio construyó junto a su esposo, Lucas Bocchino, una casa donde cada ambiente responde a una lógica clara: vivir con intención. Lejos de los excesos, los espacios se organizan a partir de materiales de calidad, líneas simples y una curaduría precisa de objetos. Sobre esa base calma, aparecen ciertos acentos en rojo, sutiles pero estratégico. El resultado es un equilibrio entre lo cotidiano y lo expresivo

Andrea Frigerio y el arte de habitar

Sofás en tonos claros, mesas bajas con libros apilados, objetos personales y flores frescas, siempre presentes, construyen una escena relajada pero pensada. Las obras de arte, lejos de ser un detalle secundario, estructuran el espacio: cuadros contemporáneos, piezas gráficas y fotografías conviven con naturalidad, por su parte, la iluminación, cálida y puntual; refuerza esa atmósfera íntima.

Detalles que rompen la paleta neutra: toques de rojo, libros y objetos que terminan de armar la escena.

En medio de esa base neutra y serena, aparecen acentos de color que rompen la armonía justa. El rojo, presente en lámparas, pequeños objetos y detalles puntuales, introduce contraste y dinamismo sin saturar. Es lo que en diseño se conoce como la teoría del rojo inesperado: un recurso que consiste en incorporar un elemento vibrante en un entorno calmo para activar visualmente el espacio. En la casa de Andrea Frigerio, ese gesto funciona como un hilo conductor que suma identidad sin perder elegancia.  Los pisos de madera, las cortinas livianas y el mobiliario de líneas rectas terminan de definir un lenguaje donde lo contemporáneo dialoga con lo cálido. Nada sobra, pero tampoco falta.

Andrea Frigerio y su laboratorio de perfumes

Uno de los espacios más personales es, sin dudas, su laboratorio de perfumes. Se trata de un rincón que la actriz desarrolló hace años como parte de su proyecto Roses are Roses, una línea propia vinculada al universo olfativo. Allí, entre frascos, esencias y combinaciones, Andrea experimenta con aromas y construye composiciones que responden a una búsqueda perosal.

Este proyecto, al que le dedica tiempo desde hace más de una década, no solo funciona como hobby, sino también como una extensión de su sensibilidad estética. La lógica es similar a la del resto de la casa: prueba, mezcla y ajuste fino. Cada fragancia se piensa como una pieza única, donde memoria, emoción y materia se entrelazan.

Entre el verde del jardín y la calma del entorno, Andrea se mueve en un espacio que respira tranquilidad. 

El recorrido se completa con un jardín amplio, verde y silencioso. Un espacio abierto que refuerza la idea de refugio y aporta una pausa frente al ritmo cotidiano. Así, entre arte, diseño y experimentación, la casa de Andrea Frigerio se revela como algo más que una hogar: un universo propio.

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