Luis Ortega (Ente Cultural de Tucumán)

Luis Ortega, el hijo de Palito Ortega y Evangelina Salazar: “Estuve obligado a entender lo que a él le pasaba”

El director compartió una experiencia personal que marcó su forma de mirar y construir personajes en sus películas.

En el marco del Festival de Cine de Luján, Luis Ortega, hijo de Palito Ortega y Evangelina Salazar, dio una charla donde dejó ver que su manera de hacer cine nace de lo que le pasa en la vida real. Sus películas surgen de lo que ve todos los días y de los vínculos que atraviesa. Por eso, cuando alguna vez le dijeron que tenía un “fetiche” con la gente en situación de calle, lo respondió con claridad. “Yo camino de mi casa al trabajo, cuando tenía un trabajo, y me cruzo con un montón de personas en esa situación”, explicó.

Luis Ortega y la vida como materia prima

Para él, ese universo forma parte de su realidad y por eso aparece de manera natural en sus historias. Esa mirada directa sobre lo cotidiano define el tipo de personajes y situaciones que construye. Su cine se arma a partir de lo que observa y de lo que le genera preguntas. En ese recorrido, la experiencia personal ocupa un lugar central, es por ello que cada escena tiene un vínculo con algo vivido o presenciado.

Luis Ortega

Uno de los momentos más fuertes de la charla apareció cuando contó la relación que tuvo durante años con un hombre que paraba en la puerta de su casa, al que llamaban “Furia”. “En la puerta de mi casa paraba un enanito que siempre me quería pegar”, recordó. Según mencionó, era alguien que lo hostigaba de manera constante, con agresiones que iban desde insultos hasta amenazas. “Me hacía bullying, me volvía loco”, dijo, al describir una convivencia tensa que lo marcó durante mucho tiempo. En varias ocasiones, la violencia escaló y lo dejó en un estado de alerta constante. Esa experiencia funcionó como un punto de partida para entender cómo procesa los conflictos en sus relatos.

Luis Ortega y la mirada sin juicio

El quiebre llegó una noche en la que ese mismo hombre, completamente borracho, le dijo algo que transformó su mirada. “Vos no sabés lo que se siente no haber tenido nunca una novia”, le confesó. A partir de esa frase, la imagen que tenía de él cambió por completo. “Ese personaje demoníaco, con el que yo incluso fantaseaba con matar, de repente se volvió alguien muy vulnerable”, explicó. Ahí aparece una idea que atraviesa todo su relato: la necesidad de correrse del enojo para intentar comprender. “Me vi obligado a entender qué le pasaba”, sintetizó.

A partir de esa experiencia, el Luis Ortega planteó cuál es, para él, la base más importante a la hora de hacer películas. La formación, según explicó, se construye a partir de vivir intensamente y después tomar distancia. “La escuela más importante es tener una vida intensa, ser un aventurero de esa vida, pero después volver al lugar del que observa”, dijo. En ese lugar, el juicio queda suspendido y la mirada se vuelve central. “El que observa no opina si algo está bien o mal. El que observa, observa”. 

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