En el espacio integrado de Valeria Mazza y Alejandro Gravier, donde living y comedor se resuelven en una misma planta en forma de "L", una serie de cuadros con marcos en tono mostaza introduce un contrapunto cálido que no busca protagonismo, sino equilibrar la paleta general. Ese matiz, más cercano a un ocre apagado que a un dorado brillante, dialoga de manera sutil con los detalles en bronce, como las luminarias, y construye una continuidad cromática. Parte de este espacio fue dado a conocer a través de un video de TikTok compartido por Taína, donde se pueden ver distintos detalles del interior.
El living de Valeria Mazza y Alejandro Gravier: una planta libre organizada por piezas clave
La organización responde a una planta libre, donde cada sector se define más por el uso que por límites físicos. En ese esquema, el hogar se ubica en el área del comedor, pero su presencia excede ese sector y actúa como un punto de anclaje visual para todo el ambiente. Su frente oscuro contrasta con los muros claros y ordena la escena sin necesidad de particiones. A su lado, la leña apilada suma textura y refuerza la idea de calidez controlada, extendiendo su influencia también hacia el living.
Dentro de ese espacio continuo, el living se desdobla en dos áreas de estar conectadas, que funcionan como escenas complementarias más que como ambientes independientes. En una de ellas, un conjunto de sillas tipo Barcelona, clásico del diseño moderno creado en 1929, se agrupa en torno a una mesa ratona, acompañadas por luminarias inalámbricas en tono bronce. Debajo, una alfombra delimita el sector, reforzando la idea de un ámbito más contenido dentro de la planta abierta. En paralelo, el segundo estar se organiza a partir de un gran sofá tapizado en cuero de piel de vaca en tonos marrón y blanco, enfrentado a un sillón rojo que corta con la paleta dominante y actúa como acento visual. La coexistencia de ambos sectores permite distintas formas de uso dentro de un mismo ambiente.
En el centro del comedor, la mesa de mármol Calacatta introduce un punto de tensión visual a través de sus vetas marcadas, que rompen con la sobriedad del entorno. Este elemento no funciona de manera aislada, sino en diálogo con la materialidad general del espacio. En ese sentido, el suelo resuelto en listones de madera en tono negro funciona como una base continua que potencia el contraste y hace que cada pieza, desde el mármol hasta el cuero, gane presencia. La combinación entre superficies pulidas, cuero y textiles más suaves genera un equilibrio que evita que el ambiente se perciba rígido.
Valeria Mazza y Alejandro Gravier: iluminación, materiales y continuidad visual
La iluminación general refuerza esa organización con lámparas colgantes en tonos dorados, que aportan un guiño cálido sin caer en lo ornamental y dialogan con los acentos en bronce presentes en el espacio. En un ambiente de estas características, la luz no solo cumple una función práctica, sino que también actúa como herramienta de zonificación. Es a través de estos recursos donde se construyen los distintos climas sin necesidad de dividir físicamente.
Entre el comedor y el living, una puerta integrada en uno de los muros refuerza la continuidad vertical del espacio. Aunque su hoja no llega completamente hasta el techo, la presencia de un paño superior en el mismo plano y material genera la percepción de una abertura de mayor altura. Este recurso estiliza el paso y acompaña la lógica general del ambiente, donde las líneas verticales y las superficies continuas buscan ampliar visualmente el espacio. Más que un elemento funcional, la puerta se integra como parte del diseño.
Por último, en el living de Valeria Mazza y Alejandro Gravier, el uso de la madera oscura, tanto en el mobiliario como en algunos planos verticales, termina de consolidar una estética sofisticada pero contenida, donde el lujo se expresa a través de la calidad de los materiales y no de la acumulación. Lejos de los interiores recargados o de tendencia inmediata, el ambiente propone un equilibrio entre funcionalidad y forma, donde cada recurso, del color a la iluminación, cumple un rol dentro de una lógica común. La presencia de elementos cotidianos, como la leña o los objetos personales, introduce una dimensión de uso que termina de anclar el espacio en la vida diaria.
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