Maru Botana y Sofía Solá, secretos de madre e hija: "Somos muy unidas y parecidas"
En el hogar familiar de General Pacheco, la chef y su hija de 21 revelaron los detalles de un vínculo que las asemeja.
Formar una familia y ser madre de siete hermanos en esta era no es un reto para cualquiera, y mucho menos amalgamar una unidad a prueba de divisiones que no se fisuró con el paso de los años. La cocinera Maru Botana (57) suma ese orgullo al de su afamada carrera.
Maru y Sofía en su hogar de General Pacheco.
Casada a sus 28 años con el ingeniero agrónomo Bernardo Solá, a los 29 tuvo a su primer hijo, Agustín (27), a quien luego le siguieron Lucía, Matías, Sofía (21), Santiago, Facundo (fallecido en el 2008), Juan Ignacio y la benjamina María Inés, de 14 años. “Siempre quise concebir hijos seguros, fuertes e independientes, y lo logramos –dice la flamante nueva jurado de Masterchef–. La sociedad de hoy es re distinta a cuando yo tenía las edades de ellos, pero siento que quienes no quieren muchos hijos se están perdiendo algo importante. Para mí es muy lindo haber armado una familia en la que todos nos disfrutamos, es un premio hermoso que me llevo de esta vida, no quiero más. Sólo faltarían los nietos, es verdad, pero no hay ninguno de los chicos estable con una pareja. Con Bernardo lo vemos lejano todavía, tenemos uno que es super enamoradizo pero justo cortó”.
Maru Botana íntima en su hogar: "Sofi tiene más carácter del que yo tenía"
Anfitriona por excelencia y cultora de un hogar a “puertas abiertas” que cobija con placer a las amistades de sus hijos, Maru encontró en Sofía, la del medio entre los siete hermanos, un espejo en el que se ve reflejada: “Somos muy unidas, la veo tan parecida en muchas cosas a mí y a mi vida, me siento muy reflejada e identificada. Lo que sí: Sofi tiene más carácter del que yo tenía, la veo mejor plantada y con más criterio, yo soy más de arriesgar y tirarme a la pileta y ella más analítica". Mientras posan para la producción en la casona familiar de General Pacheco, la chef asegura que su hija le enseña a pensar más las cosas: “Me gusta charlar con ella y me gusta su vida, siempre les digo a mis hijos que se diviertan y disfruten”.
Maru y Sofía junto a los caniches toy de la familia, Jorge, Sara, Simón y Emma.
Del resto del clan, el único que abandonó hasta ahora el barco es Santiago, quien se fue a vivir solo pero muy cerca del barrio: “Con Bernardo decimos que tenemos la casa tomada (risas), somos casi como de afuera y los chicos deciden todo, arman, ponen, sacan, invitan y nosotros nos pusimos del otro lado. Y esa es la vida que nos gusta, disfrutamos de verlos acá y que llenen la casa de gente, nunca les dije que no cuando quisieron invitar a alguien”.
—Maru, ¿qué episodios recuerda de la crianza de Sofía?
—Siempre fue muy reclamera, recuerdo que de chiquita me decía por qué no me quedaba a verla en natación, que todas las mamás se quedaban… Y nunca me voy a olvidar cuando me pidió que no fuera más a una reunión del colegio si no era que la llamaban puntualmente por mí. Y tenía razón, a tal punto que no ir más me alivianó un montón. A veces pasa que ella me reclama algo y yo no sé hasta donde meterme... es un tema que hablamos con Bernardo para saber donde nos paramos como padres. Cuando siento que hay algo que le tengo que decir se lo digo, me gusta que ella venga a preguntarme y también que decida lo que le parezca. Tiene que hacer su vida, y si tiene que pegársela una vez, se la va a pegar.
—Sofía, ¿cómo ha sido criarse en una casa rodeada de tantos hermanos?
—Es lo máximo, nunca te aburrís, tener tantos hermanos no lo cambio por nada. Te acostumbrás a estar con mucha gente todo el tiempo y nunca falta algo para hacer. Por eso, cuando llegué este año a Barcelona me agarró un bajón, fue muy raro no encontrar ruido, despertarme y no tener a nadie para charlar. Fue todo un aprendizaje, más que nada emocional, no sabía lo que era vivir sola. Aprendí que para estar sola, mejor no estarlo (risas)...
Maru y Sofía en su hogar.
Después de estudiar Producción de Moda en la Universidad de Palermo, Sofía se volcó al modelaje, una profesión que la seduce sólo si la enfoca en conjunto con las redes. “Me parece un mundo al que siempre le va a faltar algo, si tengo que ser sólo modelo, te digo que no”, resume quien se incorporó a la agencia Lo Management y tuvo su primer desafío internacional en Barcelona, experiencia que posiblemente repita en el 2027.
Sofía Solá.
En España también trabajó en el local de su madre y, como amante del estilismo, le organiza a Maru los looks para Masterchef y arma los menús de los locales. Se confiesa como una chica “muy enamoradiza”, pero no congenia con el trato que hoy observa de parte de los varones: “Nunca tuve un novio, pero yo también soy difícil, no lo voy a negar. Por lo que me contó mamá, antes los hombres se relacionaban con mayor respeto, y si no me siento cómoda, me cuesta. Tengo que tener el doble de cuidado conmigo misma, porque soy tan enamoradiza que me engancho rápido. Hoy es muy difícil creerle a alguien y conocerlo en profundidad”.
—¿Y qué hay de ese rumor con (Franco) Colapinto?
—Sólo fue una interacción de redes sociales, nunca lo vi cara a cara. Obvio que las puertas están abiertas, me divierte probar, aunque siempre que tuve la oportunidad del paso más serio como que salí corriendo (risas)…
Maru en su salsa, en la cocina de su casa. Sofía la acompaña, pero no sabe ni le gusta cocinar.
—Maru, ¿cómo festejarán este Día de la Madre? ¿Cocinará usted?
—Seguro que almorzaremos en mi local de La Aldea, en Pilar. Cuando lo pasamos acá en casa, me ocupo yo, pero en estos últimos años preferimos pasarlo allá, todos juntos.
Producción: Salomé Areco, Ig: @salome.areco
Fotógrafo: Fede De Bártolo
Mackeup y pelo: Nieves Acosta, Ig: @nievesacostastudio.ok
También te puede interesar
-
Así es la rutina de Maru Botana para empezar el día en el gimnasio: “Esto es pura energía”
-
Quién es y a qué se dedica Bernardo Solá, el marido de Maru Botana
-
Entramos a la casa de Maru Botana en Buenos Aires: alfombra campestre, juego de colores y araña llena de cristales
-
Maru Botana, a sus 57 años: “Cuando entrenás te alimentás diferente. Comés pensando en tu entrenamiento”