Sebastián Ortega (estoesblender )

Sebastián Ortega: "Yo tenía muchos privilegios que después desaparecieron cuando nació Emanuel"

El productor confesó cómo la llegada de su hermano transformó la dinámica familiar y dejó una huella profunda en sus recuerdos de la infancia.

Crecer en una familia numerosa significa aprender desde temprano que el amor se reparte, pero a veces, también se disputa. Sebastián Ortega lo sabe bien y decidió contarlo con una honestidad poco frecuente. Invitado a Las Pibas Dicen, el ciclo de entrevistas de Esto es Blender, el productor mostró su costado más íntimo, algo que pocas veces se permite. La charla, compartida con su hermana Rosario Ortega, avanzó entre recuerdos y secretos inesperados. Fue en ese contexto en el que apareció un tema muy debatido: los celos ante la llegada de un nuevo hermano.

Sebastián Ortega y el día que dejó de ser el más chico

Durante años, ocupar el lugar del menor le había asegurado atenciones especiales dentro del círculo familiar. Todo parecía estable hasta que el nacimiento de Emanuel modificó la dinámica cotidiana. “Tenía ciertos privilegios que después desaparecieron cuando nació Emanuel”, recordó. Sin la intención de hacer reproches, mostró el desconcierto de un niño que notó cómo el sus emociones cambiaron de un momento a otro. Aquello despertó una sensibilidad que, con el tiempo, logró entender.

Emanuel y Sebastián Ortega

Con los años, la relación encontró otros rumbos e incluso llegó al terreno profesional. Los hermanos coincidieron cuando Sebastián produjo la ficción EnAmorArte, que tuvo a Emanuel como protagonista, una experiencia que mostró la confianza entre los hermanos pese a las rivalidades infantiles. Sin embargo, aquella colaboración no confluyó en una sociedad artística permanente en el tiempo y cada uno continuó construyendo su propio camino. Lejos de competir, eligieron preservar el vínculo desde un lugar más íntimo que mediático. 

Tenía unos celos tan, pero tan grandes, que fue creo la primera sensación de sufrimiento que tuve en mi vida”, confesó luego. Rosario, atenta al relato, quiso saber si ese malestar era la causa de travesuras o pequeñas venganzas en el hogar. Sebastián no dudó al responder y eligió la sinceridad antes que la corrección retrospectiva. “Le hice muchas maldades, pobre; fue duro”, admitió, con una mezcla de culpa y ternura.

Sebastián Ortega, entre la culpa y la memoria

Sebastián Ortega reconstruyó aquel capítulo desde la mirada que le da hoy la madurez. Lo que en la infancia puede vivirse como pérdida suele convertirse, con los años, en una pieza clave del aprendizaje y la memoria emocional. Crecer también supone correrse del centro y descubrir que el afecto familiar no se agota, sino que encuentra nuevas formas. En su recuerdo conviven el niño que se sintió desplazado y el adulto capaz de contarlo sin rencores. 

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