Walas (INSTAGRAM/@walasmassacre)
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Walas: “Las modelos y los rockeros nos extinguimos. A nadie le importa ya quién era Mick Jagger o Naomi Campbell”

Entre cambios culturales y nuevas reglas de fama, el líder de Massacre reflexiona sobre el presente y el desafío de seguir siendo auténtico.

En un estudio atravesado por guitarras, recuerdos y una estética que siempre caminó por fuera de las modas, Guillermo “Walas” Cidade —voz y alma de Massacre— lanzó una definición que resume su lectura del presente cultural: “Las modelos y los rockeros nos extinguimos. A nadie le importa ya quién era Mick Jagger o Naomi Campbell”, declaró en Lo viejo funciona (Radio 750). Lejos de la queja, su frase funciona como una observación lúcida sobre el cambio de época y la velocidad con la que se reciclan los ídolos.

Para Walas, el mapa de la fama ya no se organiza alrededor de figuras que construyen trayectorias de décadas, sino de presencias fugaces que emergen y se disuelven en el ecosistema digital. Lo que antes se sostenía en discos, tapas de revistas y giras interminables, hoy se mide en visualizaciones, tendencias y métricas que duran lo que dura una historia en redes.

Guillermo “Walas” Cidade

Walas y el fin de los grandes íconos

Con una carrera que siempre eligió el camino de la independencia estética y conceptual, Walas observa cómo se diluye el peso simbólico de aquellos personajes que definieron generaciones. Nombres como Mick Jagger o Naomi Campbell, que durante años condensaron rebeldía, glamour y aspiración, hoy parecen referencias de archivo para un público acostumbrado a consumir novedades constantes.

El mundo ya no funciona con esos parámetros”, desliza el músico, consciente de que la cultura se mueve ahora por otras lógicas. El rock, que supo ser bandera de ruptura, hoy comparte escenario con múltiples lenguajes que se superponen, se mezclan y se reemplazan sin pedir permiso. En ese contexto, la idea de celebridad se volvió más inmediata, pero también más descartable.

Walas y la vigencia sin concesiones

Sin embargo, la reflexión no está teñida de derrota. En la mirada de Walas hay también una afirmación: la vigencia no depende de adaptarse a cada tendencia, sino de sostener una identidad propia. Massacre, con su recorrido sostenido y su público fiel, es prueba de que aún existe espacio para proyectos que se construyen con tiempo, coherencia y convicción artística.

Con la voz al frente y el rock como bandera, Walas se entrega a un ritual que sigue latiendo, más allá de las modas.

Para el cantante, la supuesta “extinción” de ciertos perfiles no implica la desaparición del arte, sino una transformación en sus modos de circulación y consumo. El desafío, sugiere, es entender el presente sin renunciar a la esencia. Seguir creando, aun cuando el ruido del algoritmo parezca marcar otras prioridades. Entre la melancolía suave y la claridad conceptual, Walas se posiciona como un observador crítico de su tiempo, pero también como un protagonista que elige no correrse del escenario. Porque, aunque los íconos muten y las reglas del juego cambien, hay algo que permanece: la necesidad de decir, de tocar, de conectar. Y en ese territorio, el rock, con o sin modelos clásicos, todavía tiene algo para contar.

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