Uno de los motivos de consulta más habituales en la infancia se relaciona con la dificultad de establecer límites y las consecuencias que esto genera en el clima familiar. En la mayoría de los casos, este conflicto no tiene su raíz en el niño, sino en la dificultad del adulto de transmitir los límites de una forma adecuada.
Les propongo empezar este recorrido pensando en una pirámide. En la punta ubicamos reglas inquebrantables, generalmente tienen que ver con el cuidado y la seguridad: no podés cruzar la calle solo. En el centro, vamos a ubicar algunas reglas importantes para el bienestar y el clima familiar, generalmente se relacionan con habilidades sociales de los integrantes: debemos hablarnos bien, no agredirnos, no insultarnos. En la base vamos a ubicar algunas reglas básicas de convivencia, que pueden ser necesarias en determinados momentos donde la rutina es más estricta: durante la semana, debemos ir a dormir más temprano, los fines de semana podemos jugar hasta más tarde.
Ésta pirámide será diseñada por adultos, y para transmitirla a los niños de forma asertiva vamos a tener en cuenta estas orientaciones:
Ser rápido: Actuar rápidamente cuando se produce una conducta indeseada evita que se empiece a producir una conexión negativa en el cerebro del niño.
Ser constante: Durante el proceso habrá avances y retrocesos, que muchas veces se relacionan con el estado emocional del niño y con experiencias de su entorno. Es necesario insistir sobre aquellos valores que queremos que permanezcan, y así estén siempre presentes para ellos.
Ser consistente: Que se pueda aplicar estos límites en distintos contextos y con distintos adultos a cargo generará la seguridad y la coherencia necesaria para llegar al objetivo que deseamos.
Brindar confianza y amor: Comunicar pautas con lenguaje claro, breve, amable, acorde a la edad guía y orienta la conducta infantil. Tener un adulto empático a su lado le hace comprender al niño que estos límites son algo importante para su desarrollo porque lo guían y lo protegen.
Por último, la flexibilidad resulta tan importante como todo lo anterior. Un niño que nunca consigue lo que quiere y pasa el día acatando reglas estrictas, probablemente se sienta inseguro e incapaz. ¿Cómo te sentirías vos? Lo que buscamos los padres en fin, es poder acompañar un crecimiento saludable física y emocionalmente, para que dentro de no mucho, éstos niños se conviertan en adultos felices, responsables y autónomos.
Lic. M. Sofia Kowalik




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