Por Verónica García Torrent
Vivimos en la era de la información, pero no necesariamente en la era del bienestar. Nunca supimos tanto sobre nosotros mismos y, sin embargo, nunca estuvimos tan cansados, tan ansiosos, tan desconectados del sentido profundo de vivir. Hoy muchas personas hacen terapia, meditan, leen, se forman, viajan, buscan… pero siguen repitiendo los mismos patrones, los mismos vínculos, los mismos síntomas.
Tal vez porque ya no alcanza con comprender. Tal vez porque es tiempo de algo más profundo: reprogramar la forma en la que habitamos nuestra vida.
Herencias invisibles
Hay dolores que no empezaron con nosotros. Hay miedos que no nos pertenecen del todo. Hay elecciones que creemos libres, pero están condicionadas por historias familiares no resueltas. Muchas veces cargamos con destinos ajenos por amor, por lealtad, por pertenencia.
En lo profundo del alma sabemos que algo no encaja, pero no entendemos por qué. Repetimos vínculos similares, fracasos parecidos, enfermedades con la misma raíz emocional. No porque queramos, sino porque hay órdenes internos que buscan ser vistos.
Cuando una persona se permite mirar su historia con honestidad, algo se acomoda. No se trata de juzgar a nadie, sino de mirar, amar y devolver cada carga a quien corresponde, recuperando la energía vital que estaba atrapada en el pasado.
Ordenar la historia es mirar atrás liberando el futuro.

El cuerpo como escenario emocional
Estamos atravesando una crisis silenciosa. No siempre se nota en la superficie, pero se expresa en el cuerpo: insomnio, contracturas, fatiga crónica, problemas digestivos —específicamente el colon irritable, científicamente calificado como de origen emocional—, ansiedad, tristeza sin causa aparente. ¿Por qué no atenderlo entonces con una terapia emocional como amerita?
El cuerpo no enferma por casualidad. El cuerpo habla lo que la conciencia calla.
Vivimos resolviendo, produciendo, sosteniendo, funcionando. Pero no sintiendo. Y lo que no se siente, se acumula. Lo que no se expresa, se imprime. Lo que no se escucha, se somatiza.
El cuerpo necesita que lo escuchemos y que lo cuidemos. Es nuestro único recipiente, el que nos acompaña hasta el último día de nuestra vida, y es siempre el primero que expresa. Ser conscientes de él es vital.
La conversación que tenemos con nosotros mismos
Muchas personas viven presas de su propio diálogo interno. Se hablan con exigencia, con culpa, con miedo, con rigidez. Repiten frases que escucharon en la infancia sin darse cuenta: “no es suficiente”, “no podés”, “tenés que poder sola”, “no molestes”.
No somos lo que nos pasó. Somos la interpretación que hicimos de eso. Y esa interpretación se puede transformar.
Cambiar la forma en la que nos hablamos es cambiar la forma en la que habitamos el mundo. No se trata de pensar positivo, sino de desarrollar una conciencia más amorosa, más honesta, más responsable.
Cuando cambia el lenguaje interno, cambia la identidad. Y cuando cambia la identidad, cambia la vida.
Entrenar una nueva forma de ser
Hoy la neurociencia confirma algo que las tradiciones espirituales enseñaron desde siempre: el cerebro puede aprender nuevas formas de funcionamiento. El cuerpo puede dejar de vivir en estado de alerta constante. La mente puede salir del pasado. El corazón puede volver al presente.
No basta con entender por qué somos como somos. Hay que entrenar nuevas experiencias emocionales. Crear coherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Habitar estados internos que antes nos parecían imposibles: calma, confianza, plenitud, claridad.
Cuando una persona cambia su estado interno, cambia su campo energético. Y cuando cambia su energía, cambia la realidad que atrae.
No se trata de magia. Se trata de conciencia.
Del dolor al diseño consciente
La verdadera transformación no es borrar lo vivido, sino integrarlo. No es negar el pasado, sino resignificarlo. No es repetir la historia, sino elegir conscientemente qué historia queremos escribir.
Pasar de víctima de lo que me pasó, a autora de lo que elijo vivir.
Cuando una persona ordena su historia, regula sus emociones, transforma su diálogo interno y entrena su conciencia, algo profundo ocurre: la energía se libera y se potencia. Nos volvemos más receptivos, más disponibles, más presentes. Creamos un campo de energía con los otros, entramos en resonancia, atraemos y vibramos en semejanza. La vida deja de sentirse pesada, empieza a sentirse posible, y todo fluye.
No vinimos a repetir. Vinimos a crear.
Hoy acompaño procesos empresariales sistémicos, individuales, conferencias motivacionales, talleres grupales y experiencias transformadoras conscientes, donde cada encuentro se convierte en una experiencia viva de conciencia compartida.
Cuando recuperás tu conciencia, la vida retoma fuerza y lo imposible se vuelve visible.
Verónica García Torrent
Coach Ontológico y Empresarial (ECORE – Universidad Torcuato Di Tella)
Posgrado en Educación Emocional y Bienestar (Universidad de Barcelona)
Disertante internacional en resiliencia, emociones y liderazgo humano
Fundadora de Corriente por los Niños
Acompaño procesos individuales, empresariales, talleres y conferencias.
Instagram: @verogtorrent
El cuerpo habla lo que el alma calla.
Te acompaño en el proceso.
El corazón sabe el camino.
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