El embarazo y el postparto suelen presentarse — en la literatura, en la consulta médica, incluso en la conversación cotidiana — como etapas separadas. Dos capítulos distintos de una misma historia. Sin embargo, hay algo que esa división no contempla: es la misma mujer quien los atraviesa. Con la misma historia, el mismo sistema nervioso, las mismas defensas y los mismos recursos. Y con una ansiedad que no aparece de repente — viene construyéndose mucho antes.
Las últimas semanas de gestación, particularmente a partir de la semana 37, inauguran un estado particular de alerta sostenida. El cuerpo espera. La mente anticipa. Todo está listo, dicen. Y sin embargo nada se siente bajo control. Una tesis de la Universidad de Zaragoza planteó como hipótesis central que la ansiedad desarrollada durante el tercer trimestre expone a complicaciones durante la etapa perinatal, perjudicando tanto la salud materna como la fetal. Lejos de ser un malestar pasajero, esta ansiedad tiene consecuencias concretas que merecen atención clínica temprana.
Cuando el parto ocurre, no hay un reinicio. Hay una transformación. Y cuando se cierra la puerta de casa por primera vez con ese bebé, todo lo que se vivió antes llega también — el tipo de parto, las expectativas construidas, los miedos no dichos, la red disponible o ausente. Nada surge de la nada.

El postparto inmediato es, en ese sentido, la continuación de un proceso subjetivo que ya estaba en marcha. Un momento de ambivalencia profunda y necesaria — amor y agotamiento, alivio y miedo, gratitud y pérdida — que no indica que algo esté mal, sino que algo enorme está ocurriendo. Como señala Ibone Olza, psiquiatra perinatal española, los traumas y las experiencias del parto no afectan solo el estado psíquico de la mujer sino también el vínculo con su bebé y la salud emocional de toda la familia.
Desde la psicología perinatal, tal como lo desarrolla Alicia Oiberman en Argentina, el vínculo temprano no es algo dado sino algo que se construye — en la repetición, en el contacto, en la presencia cotidiana. Una construcción que necesita tiempo, y que necesita que la madre esté sostenida para poder sostener.
Comprender la perinatalidad como un continuo no es solo una lectura más precisa del proceso. Es una forma más honesta y humana de acompañar a las mujeres en uno de los momentos más transformadores de su vida.
Lic. Negretti María José, MP 46935. @psic.mariajosenegretti — Psicóloga clínica con formación en psicología perinatal.
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