martes 10 de marzo del 2026

Lic. Macarena Monelli: “Muchas parejas no necesitan más amor, necesitan mejores herramientas para cuidarlo”

En esta entrevista, la Lic. comparte su mirada sobre los vínculos de pareja y cómo, a través de un enfoque sistémico centrado en soluciones y del EMDR, es posible transformar patrones de comunicación que generan conflicto y reconstruir la conexión emocional. Galería de fotosGalería de fotos

Lic. Macarena Monelli: “Muchas parejas no necesitan más amor, necesitan mejores herramientas para cuidarlo”
Lic. Macarena Monelli: “Muchas parejas no necesitan más amor, necesitan mejores herramientas para cuidarlo” | CONTENT CARAS LIKE
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Con más de 17 años de experiencia clínica, su trabajo integra la terapia sistémica, la terapia breve centrada en soluciones y el abordaje del trauma, acompañando a parejas y familias a comprender sus dinámicas vinculares y desarrollar formas de comunicación más conscientes y saludables.

Lic., Podrías contarnos en qué consiste tu mirada sistémica con enfoque centrado en soluciones y cómo la aplicás en la terapia?
Mí mirada parte del enfoque sistémico, que básicamente entiende que las personas no existimos aisladas, sino dentro de vínculos y sistemas de relación. En terapia eso implica que muchas veces el problema no está solamente en una persona, sino en la dinámica que se fue generando entre los miembros de ese sistema.

Dentro de ese marco, yo trabajo con un enfoque centrado en soluciones, que aprendí en mi formación en el MRI (Mental Research Institute) en California. Este modelo propone algo muy interesante: en lugar de quedarnos solamente analizando el problema, buscamos identificar qué está manteniendo ese patrón y qué pequeños cambios pueden empezar a transformarlo.

En la práctica terapéutica esto significa ayudar a las personas, (y especialmente a las parejas) a tomar conciencia de las dinámicas que los están atrapando, y empezar a introducir nuevas formas de interacción que permitan que el vínculo funcione de otra manera.

Muchas veces no se trata de hacer cambios enormes, sino de modificar ciertos patrones de comunicación, de reacción o de interpretación que, repetidos en el tiempo, terminan sosteniendo el conflicto. Cuando esos patrones se hacen visibles y se empiezan a mover, el sistema completo empieza a reorganizarse.

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¿Cómo comenzó tu camino en la psicología y qué te motivó a especializarte en terapia de parejas y familias?
Mi camino en la psicología empezó hace muchos años, allá por el 2004 en mi amada Universidad Nacional de Córdoba. Desde mis inicios siempre tuve una curiosidad muy genuina por entender cómo nos relacionamos las personas y por qué a veces los vínculos, que son un lugar de amor y sostén, también pueden convertirse en un espacio de mucho sufrimiento.

Con el tiempo me fui dando cuenta de que muchos de los conflictos que vemos en consulta no tienen que ver sólo con lo individual, sino con las dinámicas que se generan entre las personas. Eso fue lo que me acercó al enfoque sistémico y al trabajo con parejas y familias.

Me interesaba mucho comprender qué pasa en esos espacios donde convivimos, nos elegimos, criamos hijos, construimos proyectos… pero también donde aparecen las diferencias, los desencuentros y las heridas.

A lo largo de los años fui profundizando mi formación en terapia sistémica y luego integrando el trabajo con trauma, porque muchas veces lo que aparece en la pareja también tiene que ver con historias personales que se activan en el vínculo.

¿Cómo integrás tu formación en trauma y EMDR en tu trabajo diario?
Con los años fui entendiendo que en muchos conflictos vinculares no solo está en juego la comunicación o las diferencias entre las personas, sino también las historias emocionales que cada uno trae.

Por eso profundicé mi formación en trauma y en el modelo EMDR. Este enfoque me permitió comprender que muchas reacciones que aparecen en la pareja —como retirarse, defenderse, enojarse rápidamente o sentir mucho miedo al rechazo— en general están vinculadas a experiencias previas que siguen activas en el presente.

Integrar esta mirada en el trabajo terapéutico significa poder ayudar a las personas a reconocer cuándo lo que se está activando en la relación no tiene que ver sólo con el momento actual, sino con algo más profundo de su historia emocional.

El EMDR es un modelo  muy valioso en ese proceso, porque permite trabajar esas memorias emocionales que siguen influyendo en la manera en que cada uno reacciona dentro del vínculo.

Cuando esas experiencias se procesan y se integran de otra manera, muchas veces también cambia la forma en que la persona puede relacionarse con su pareja. Y eso abre la posibilidad de construir vínculos más seguros y más conscientes.

Desde tu experiencia, ¿cuáles son los errores más frecuentes en la comunicación de parejas y familias?
Uno de los errores más frecuentes que veo en la comunicación de parejas y familias es que muchas veces se intenta resolver el conflicto desde la defensa o el reproche, en lugar de poder expresar lo que realmente está pasando emocionalmente.

Cuando las personas se sienten heridas, frustradas o no escuchadas, es muy común que reaccionen criticando, acusando o cerrándose. Y eso genera un círculo difícil de romper: uno ataca, el otro se defiende o se retira, y la conversación deja de ser un espacio de encuentro para transformarse en un espacio de lucha.

Otro error muy habitual que veo en consulta es suponer que el otro debería entendernos sin que tengamos que decirlo claramente. Muchas parejas esperan que su compañero o compañera “adivine” lo que necesitan, y cuando eso no ocurre aparece la sensación de desilusión o de falta de interés.

También veo mucho la dificultad para escuchar verdaderamente al otro. Muchas veces las personas escuchan para responder o para defender su punto de vista, pero no para comprender. Por eso en terapia trabajamos en transformar esos patrones: aprender a expresar necesidades en lugar de reproches, a escuchar sin ponerse inmediatamente a la defensiva y a generar conversaciones donde ambos puedan sentirse vistos y validados.

Lic. Macarena Monelli: “Muchas parejas no necesitan más amor, necesitan mejores herramientas para cuidarlo”

¿Qué estrategias prácticas recomendas para mejorar la comunicación y fortalecer vínculos?
Hay varias estrategias simples que pueden marcar una gran diferencia en la comunicación de una pareja. Una que suelo trabajar mucho en terapia es lo que llamamos la técnica del “sanguchito”. Consiste en poder decir algo que nos molesta o preocupa, pero enmarcándolo entre dos aspectos positivos del vínculo. Por ejemplo: empezar reconociendo algo que valoramos del otro, luego expresar con claridad (en primera persona) lo que nos está pasando o lo que necesitamos, y cerrar nuevamente con algo que reafirme el vínculo. Esto ayuda a que el mensaje llegue sin que el otro se sienta atacado o a la defensiva.

Otra herramienta muy importante es aprender a escuchar con verdadera intención de comprender. Muchas veces las personas escuchan para responder o para defender su punto de vista, pero cuando alguien siente que realmente fue escuchado, validado, la conversación cambia completamente.

También recomiendo que las parejas puedan generar pequeños espacios de conexión en la vida cotidiana. No siempre se trata de tener grandes conversaciones, sino de recuperar gestos simples: mirarse, preguntarse cómo estuvo el día, compartir un momento sin pantallas. Esos pequeños momentos van fortaleciendo el vínculo emocional.

En definitiva, la comunicación en pareja no se trata solo de hablar más, sino de crear un espacio donde ambos puedan sentirse seguros para expresar lo que les pasa.

Hoy, después de más de 17 años de trabajo clínico, sigo sintiendo que acompañar a las parejas en esos momentos donde el vínculo está en crisis pero todavía hay deseo de reconstruir es un trabajo muy profundo y muy valioso.

Contacto: +54 3515166630
@psi.macamonelli
Mail: [email protected]
Córdoba capital

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