Osvaldo y Fernando Brucco son los propietarios de Happening, una parrilla fundada por sus padres —el Ronco y Beba, en el relato emocionado de Fernando— hace más de sesenta años y cuyo inicio mítico ha sido contado muchas veces: un carrito recibido como herencia en el costado de la Costanera que queda pegado al río. Más tarde, un salto al otro lado del camino, al fundacional Carrito 55, y pronto, la llegada del público que todo restaurante necesita. La precariedad como motor del destino.
Así evolucionó la legendaria Happening
Mirando al Rancho Inn —antes de que el Ronco pusiera un toldo entre los dos restaurantes para no contemplar su envidiable éxito—, Beba descubrió detalles del servicio que le sirvieron para mejorar Happening. Poco después, la parrilla abandonó —inspirándose en lo que antes había hecho La Raya de Carlos Vinagre— los braseros de chapa y carbón con los diferentes cortes que se llevaban a la mesa, modificando el punto del parrillero y añadiendo olores innecesarios a la sala.
Happening aspiró a ser una parrilla donde los fuegos al carbón convivían con platos clásicos y pronto, apoyados en un gran servicio, construyeron un estilo que triunfó allí y que años más tarde se trasladó al nuevo local, que primero estuvo en Recoleta y más tarde en Puerto Madero.
La cocina del restaurante en sus dos sedes comparte proveedores y una misma identidad, pero difiere en técnica, formato y repertorio porque sus cocineros —Sebastián Tricarico en Costanera y Maggie Piaggio en Puerto Madero— interpretan ese mismo material desde lugares diferentes.
Costanera construye un relato más ajustado al concepto histórico de «parrilla de Costanera». Brasa directa, con guiños a la cocina porteña —el revuelto Gramajo o el salame chacarero— y con el oído muy atento a las movidas más interesantes de la escena gastronómica actual, con la que interactúa de forma continua. Seguramente sea un mérito de su chef y de la tercera generación de los Brucco —Lucas y Francisco—, que están en la operatoria del restaurante.
Puerto Madero introduce variaciones y formatos que amplían el repertorio: cortes de gran tamaño —Tomahawk, T-Bone—, platos salidos del horno de leña o para comer con cuchara como la polenta con osobuco braseado. Incluso —sin temer a las llamas del infierno— tienen la osadía de proponer un menú vegetariano de dos pasos.
Los dos lugares tienen su público: más joven y desinhibido junto al río, más formal en el dique. El éxito de un restaurante no consiste en ser alabado, sino en llenar todos los días con clientes que vuelven una y otra vez. Happening no es un lugar de paso; es un sitio donde comprobar que lo popular puede desembocar en clasicismo.
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