domingo 20 de junio de 2021
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ACTUALIDAD | 06-10-2015 11:58

La nueva vida de Jimena Baron

“Ahora quiero que me malcrien un poco a mi”. Galería de fotos

Mientras Jimena Barón (28) prepara el mate en su nuevo departamento de Palermo, su hijo Morrison (1 año y medio) se divierte con uno de sus autitos. Los tenues rayos de sol que se asoman por la ventana reflejan que la tormenta ya pasó en su vida. O, al menos, que está pasando. A cuatro meses de separarse de Daniel Osvaldo (29), Jimena está tranquila. Abocada cien por cien a la crianza de su bebé ‘Momo’, a las grabaciones de “Esperanza mía” y a los ensayos de su banda ‘Barón y sus nenas’, integrada por Lucas Biren (batería), Negro Fornillo (teclado), Pilo Gómez (guitarra), Zorro Von Quintiero (bajo) y Pablo Clavijo (saxo). “En 2011 comenzó mi proyecto musical pero quedó en stand by cuando me fui a Europa. Ahora lo retomé y estoy feliz. Ya tenemos temas grabados y compuestos por mí que estarán en el disco pop-rock que pronto sacaremos”, anticipa la talentosa actriz. Y acto seguido, celebra la sensual producción que hizo con su amiga fotógrafa, Justina Bulbarella: “No tengo mambos con mostrar mi cuerpo, nunca tuve prejuicios. Siempre admiré la figura de la mujer. Quizás hoy me sienta más liberada y lo pueda hacer más”.

—Se la percibe más tranquila...

—Estoy muy bien. Trabajando mucho con ‘Esperanza Mía’ y mi banda, pero con la paz que quería. Me ofrecieron seguir en el ‘Bailando’ y les dije que no porque necesitaba tener más tiempo para mi hijo, para cocinar y tener mis espacios.

—¿Cómo es un día suyo actualmente?

—Me levanto temprano gracias a ‘Momo’ que se despierta cerca de las 7. Es eléctrico como yo. Ahora empezó el jardín porque es un nene súper despierto. Le gusta estar con chicos, entiende todo, juega solo con su iPad, dice cerca de 20 palabras: banana, manzana, salchichas... es un gordo (risas). Después entreno en el gimnasio que hay en mi edificio, corro bastante y hago abdominales. No hago aparatos porque por mi genética me marco mucho. Depende del plan de grabación, veo si me llevo a ‘Momo’ a Pol-ka o si se queda con la persona que me ayuda en casa. A la tarde ensayo con mi banda, pero la mayoría del día estoy con Morrison. Cocino mucho, me gusta, lo aprendí de mi abuela y mi mamá. Y hace algunos años empecé a leer sobre nutrición, a comer sano y rico. No hago una dieta en particular. Como variado, nutritivo y cada tanto me doy mis gustos.

—¿En quiénes se apoyó para salir adelante?

—Fue un año muy difícil, en siete meses me pasó de todo: la muerte de papá, la separación de Daniel y los recientes fallecimientos de mi abuelo y abuela. Pero mi personalidad es similar a la del ave Fénix. Creo que todo pasa por algo. Igual, aún estoy en el proceso de entender el porqué. Trato de no victimizarme, ni tomarme las cosas como personales. Mi hijo y mi trabajo fueron los pilares fundamentales para salir adelante. Principalmente Momo que es mi motor, sin él no hubiese podido levantarme tan rápido. Tenía que ver a su madre bien. Cada vez que lo miro, sé que ahí está lo más importante.

—¿Qué fue lo que más aprendió en este último tiempo?

—Estoy aprendiendo muchas cosas. Pero quizás lo que más aprendí fue a valorarme. A valorar más mis logros, mi esfuerzo, mi carrera, todo lo mío. Yo me fui a Europa, dejé todo por amor y ¡no me arrepiento, eh! Porque eso también me enseñó a correr el ego y a desarrollar otras facetas como mujer y pareja. Pero cuando regresé y retomé mi trabajo como actriz, me di cuenta de que me había olvidado de mi profesión, de lo hermoso que era grabar. De que compartir una vida con otro no es una entrega total, sino un ida y vuelta. Ahora pensando en una futura relación, voy a estar más atenta a que la otra persona pueda compartir conmigo. Que genuinamente me admire, se interese y me apoye en mis proyectos. Que la dedicación sea mutua. De que se respete la libertad de ambos. Todas las discusiones con Daniel fueron por sus celos y en un momento dije ‘basta’. Yo era todo lo contrario, estaba siempre diciéndole: “Potro, salí y divertite con tus amigos. Pasala bien”. Soy partidaria de que una relación sin aire no tiene futuro. Cuando ya ni podía salir a comer con mi hermana, puse un freno. Era completamente injusto. Él varias veces reconoció sus celos, aunque por momentos ni él podía manejarlos.

—¿Hoy la relación con Daniel mejoró?

—Daniel tiene sus momentos. Cuando quiere hablar con ‘Momo’, sabe que estoy predispuesta para que lo haga. Cuando desaparece, lo acepto. A esta altura no voy a forzar nada, ni inventarle una llamada al hijo cuando el padre no llamó. Los niños son muy vivos y cuando ‘Momo’ crezca entenderá todo. El día que mi hijo quiera una explicación, lo voy a hacer. Mientras, dejo que la realidad fluya naturalmente.

—¿Sigue creyendo en el amor?

—Por supuesto que sí. Sé que ese cuentito de amor perfecto color de rosa que nos venden, no existe. Pero sí creo que la clave está en tener las cosas claras, en quererse mucho para poder tener el amor que uno piensa que se merece. Yo estaba dando sin recibir lo mismo. Y ahora, eso se reacomodó: es dar y recibir. Sino después te comés un bollo como el que me comí yo, y no está bueno. Si a los 28 años dejo de creer en el amor, me convierto en una resentida que no aprendió nada. El amor es necesario para vivir. Mis amigas me quieren presentar candidatos y a veces tienen mi número y me llaman personas que ni conozco. Me da risa porque ya todos quieren verme con alguien.

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