Donato de Santis (INSTAGRAM/@donatodesantis)

Así es la cocina de Donato de Santis: italiana, casera y profesional

Entre damajuanas, barro cocido y pasta fresca, el espacio revela una cocina donde el oficio se mezcla con la experimentación.

En tiempos donde las cocinas buscan mostrarse perfectas, minimalistas y casi intocables, Donato de Santis va por otro camino. Lo suyo no es la puesta en escena sino el hacer. Allora, la cocina como práctica, como oficio, como ritual cotidiano. Este espacio, una de las cocinas de sus restaurantes Cucina Paradiso, no funciona como un simple escenario, sino como un lugar activo, atravesado por el trabajo constante y la experimentación. Cada superficie, cada utensilio y cada marca sobre la madera hablan de una cocina en uso.

Donato de Santis y la cocina como escenario cotidiano

El corazón del ambiente es una gran mesa de madera, robusta y gastada, donde la masa se estira y se transforma. No hay intención de ocultar el proceso: todo sucede a la vista, como en una cocina italiana tradicional. Detrás, los muebles de madera oscura con puertas vidriadas dejan entrever vajilla, frascos y utensilios, construyendo una imagen que recuerdo lo doméstico, aunque el funcionamiento sea plenamente profesional. La iluminación directa sobre la mesada refuerza la lógica de trabajo y precisión.

Entre máquina de pasta y trabajo en equipo, la cocina combina técnica profesional con espíritu casero.

Sobre la campana extractora, un pequeño imán con la bandera de Italia introduce un guiño sutil pero significativo. En paralelo, algunos acentos en rojo , como cajoneras y detalles metálicos, rompen con la paleta neutra y aportan un interesante contraste. Ese color, intenso y puntual, rompe la calma de la madera y suma identidad. En el salpicadero, las damajuanas de vidrio suman volumen y transparencias, mientras que los trastes de barro cocido refuerzan una impronta mediterránea, rústica y auténtica. 

Las damajuanas sobre la mesada y los muebles oscuros construyen una estética italiana.

Donato de Santis y el oficio como identidad

Pero además de ser un espacio de producción, esta cocina funciona como un terreno de prueba. Hay algo de laboratorio, de juego, donde Donato experimenta con técnicas y gestos. En una de las escenas se lo ve incluso golpear una masa con un palo de casi dos metros, en un movimiento que mezcla tradición, fuerza y búsqueda. No se trata solo de cocinar, sino de explorar los límites del hacer.

En un gesto bien de cocina y juego, Donato le da a la masa con un palo largo: técnica, oficio y un toque de diversión en la misma escena.

La presencia de máquinas de pasta y utensilios específicos refuerza esa lógica. En ese contexto aparecen varias Pastalinda, incluso algunas intervenidas con fileteado porteño, un guiño que funciona como puente entre la tradición italiana y la identidad argentina. No son solo herramientas, sino símbolos de un saber hacer heredado y reinterpretado. La masa, los rellenos verdes, la repetición del gesto: cada escena arma una narrativa donde técnica y oficio se vuelven protagonistas. 

Lejos de la pulcritud excesiva o del diseño pensado solo para la foto, esta cocina respira autenticidad. Hay cuchillos a la vista, ollas en uso y superficies intervenidas por el trabajo constante. Incluso los detalles más pequeños, como una balanza antigua o los utensilios colgados, aportan carácter. En ese cruce entre lo casero y lo profesional, Donato de Santis define una identidad clara: una cocina que no se muestra, se vive.

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