Paula, Gustavo, ¿cómo nació el proyecto?
Claroscuro nació de un encuentro: el nuestro con Vista Flores, en Tunuyán, Valle de Uco. Fue en 2012, y desde el primer momento supimos que ese paisaje de altura —con sus días de sol intenso y sus noches profundamente frescas de montaña— tenía algo para decir.
De ahí viene también el nombre del proyecto. En la pintura, el claroscuro es la técnica que le da volumen a la luz a partir del contraste con la sombra. En el viñedo pasa algo muy similar: es esa amplitud térmica, ese diálogo entre el sol del día y el frío de la noche, lo que le permite a la vid desarrollar aromas, equilibrio y carácter. Entendimos que estábamos frente a la misma tensión creativa que anima a una obra de arte, y decidimos construir la bodega desde ahí: uniendo vinos de alta gama del Valle de Uco con obras originales de artistas plásticos argentinos, una en cada etiqueta.
¿Cómo se vive la experiencia Claroscuro cuando alguien visita la bodega?
En el centro está el vino: una gama de varietales que reflejan distintas facetas de nuestro terroir. Pero Claroscuro se vive también como una experiencia integral. Recibimos visitantes para recorrer nuestra galería viva (actualmente estamos exponiendo la serie de la emblemática artista y fotógrafa Alicia D’Amico), degustar los vinos frente a las obras que los inspiraron, y sentarse a nuestra mesa con propuestas gastronómicas de alta cocina, en menús de cinco y ocho pasos pensados para acompañar cada copa.
La mejor parte es que se puede disfrutar de esta propuesta gastronómica sobre el primer deck flotante móvil de Argentina. No es una simple terraza, es un lienzo móvil que redefine la experiencia en una bodega; una innovación arquitectónica única, creada para vivir el paisaje y no solo mirarlo. A este universo se sumó recientemente ARV Frutos Secos, nuestra línea de productos delicatessen a base de nueces y almendras, que amplía la experiencia sensorial más allá de la copa.

¿Cómo se proyectan en el mediano plazo?
Nuestro horizonte cercano tiene que ver, ante todo, con sostener la calidad que nos define en cada uno de nuestros servicios: cuidar el detalle en el vino, en la experiencia y en cada encuentro con quien nos visita. En paralelo, estamos dando pasos hacia Buenos Aires, explorando una expansión en hotelería y gastronomía en CABA para llevar el diálogo entre arte y vino a nuevos públicos.
Ofrecen una experiencia que indudablemente se destaca, ¿qué es lo que consideran que los hace verdaderamente diferentes?
Más que diferentes, Claroscuro es singular. Lo primero que salta a la vista son las etiquetas: cada botella es una galería portátil, con una obra original seleccionada específicamente para dialogar con la personalidad de ese vino. No decoramos con arte; lo integramos como parte de la identidad misma del producto.
Pero la singularidad va más allá de lo visual, está también en nuestras decisiones enológicas. Nos animamos a llevar uvas de fuerte carácter hacia registros frescos y refinados, como en nuestro Rosé de Petit Verdot. O, por ejemplo, hemos querido reivindicar variedades que apelan a la tradición de nuestras raíces italianas y que muy pocos han decidido elaborar, como nuestro Nero D'Avola, cepa insignia de Sicilia y tierra de origen de nuestro fundador. Salir de la zona de confort del Malbec o el Cabernet Franc para explorar microparcelas y nuevos límites enológicos es, para nosotros, una forma de rescate identitario: un diálogo entre la tradición mediterránea y la precisión de la vitivinicultura andina.
Bodega Claroscuro
Web: bodegaclaroscuro.com.ar
Email: [email protected]
Instagram: @bodegaclaroscuro
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