Sofía Bernhardt es autora de La chica con la mirada diferente, un libro nacido de su propia experiencia y de una historia que durante mucho tiempo le costó poner en palabras.
Sofía atravesó una etapa de depresión y momentos de profunda soledad, miedo y dificultad para relacionarse. Durante mucho tiempo guardó esas experiencias en silencio, hasta que encontró en la escritura una manera de expresar aquello que no podía decir en voz alta.
Después de mucho tiempo, esfuerzo y de animarse a compartir una parte de su vida que no siempre fue fácil contar, logró publicar La chica con la mirada diferente.
El libro aborda, desde un lugar cercano y humano, el dolor emocional, la soledad, el miedo, la sensación de sentirse diferente y, especialmente, la posibilidad de seguir adelante.
Para Sofía, escribir no significó borrar lo vivido, sino darle un nuevo sentido.
Hoy utiliza su historia y su libro para hablar de aquello que muchas veces permanece oculto y transmitir un mensaje que considera fundamental: pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino un acto de valentía.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, Sofía comparte en primera persona parte de la historia que dio origen a su libro.
“Hay historias que uno escribe porque quiere contar algo”
Y hay otras que escribe porque durante mucho tiempo no encontró otra manera de explicar lo que le estaba pasando.
Mi historia pertenece a las segundas.
Hoy quiero hablar desde un lugar muy personal. Porque yo también me encontré en ese lugar del que muchas veces cuesta hablar.
Conozco lo que se siente cuando el dolor se vuelve demasiado grande. Cuando la cabeza se convierte en un lugar difícil de habitar. Cuando aparecen pensamientos que una no sabe cómo callar y pedir ayuda parece muchísimo más difícil que quedarse en silencio.
Durante años conviví con cosas que desde afuera no siempre podían verse: el miedo, la soledad, la dificultad para relacionarme, las inseguridades y esas batallas internas que muchas veces aprendemos a esconder detrás de una sonrisa.
Porque detrás de una persona que se ríe, que sale, que trabaja, que cumple sus sueños y que parece estar bien, puede existir una batalla que nadie conoce.
Y yo también aprendí a esconder la mía.
Hasta que hubo un momento en el que entendí que sola no podía.
Pedir ayuda fue difícil. Muchísimo.
Mandar aquel último mensaje de desesperación me dio miedo. Me costó poner en palabras lo que estaba pasando y mostrar una parte de mí que durante tanto tiempo había intentado esconder.
Pero lo hice.
Y hoy, mirando hacia atrás, entiendo que hacerlo fue un acto de valentía.
No fue debilidad.
No fue llamar la atención.
No fue exagerar.
Fue reconocer que necesitaba ayuda y permitir que alguien pudiera acompañarme en uno de los momentos más difíciles de mi vida.
A veces pensamos que, para pedir ayuda, tenemos que saber explicar perfectamente lo que nos pasa. Y no es así.
A veces alcanza con escribir:
“Necesito ayuda”.
Ese mensaje puede ser difícil de mandar. Puede salir entre lágrimas, con miedo, con vergüenza o sin saber qué va a pasar después.
Pero mandarlo también puede ser una forma de elegirte.
De todo aquello nació La chica con la mirada diferente, mi libro.
No lo escribí desde la perfección. Lo escribí desde lo vivido. Desde las partes de mí que alguna vez quise ocultar y que, con el tiempo, entendí que también formaban parte de mi historia.
Escribir fue una manera de ponerle palabras a cosas que durante mucho tiempo no pude decir en voz alta.
Y también fue una manera de transformar mi dolor en algo que pudiera llegar a otra persona.
No quiero que mi historia sea contada solamente como una historia triste.
Quiero que sea una historia sobre lo que pasa después.
Después de tocar fondo.
Después de sentirse diferente.
Después de creer que nadie entiende.
Después de pensar que una etapa difícil va a durar para siempre.
Porque hay un después.
Y ese después no siempre llega de golpe.
A veces empieza con una conversación.
Con alguien que escucha.
Con pedir ayuda.
Con escribir una página.
Con levantarse un día y decidir intentarlo una vez más.
Por eso hoy, 10 de septiembre, elijo hablar.
Porque yo no hablo desde afuera.
Yo entiendo lo que se siente porque estuve ahí.
Y quizás alguien que está leyendo esto también se encuentre hoy en ese lugar.
Si es así, quiero decirte algo que a mí también me hubiera gustado escuchar:
No tenés que poder con todo sola/o.
No tenés que esconder lo que sentís para no molestar a nadie.
No tenés que esperar a estar al límite para pedir ayuda.
Hablá.
Buscá a alguien.
Pedí ayuda.
Mandá ese mensaje.
Aunque te tiemble todo mientras lo escribís.
Porque pedir ayuda no te hace débil.
A veces, pedir ayuda es uno de los actos más valientes que podés hacer por vos mismo.
Hoy puedo mirar hacia atrás y entender que todo aquello también me convirtió en quien soy.
Y si mi historia, mi libro o simplemente estas palabras logran que una sola persona se sienta un poco menos sola, entonces todo aquello que alguna vez me costó tanto contar habrá encontrado un sentido.
No escribí mi historia porque todo haya sido fácil.
La escribí porque atravesé cosas que alguna vez pensé que no iba a poder superar.
Y hoy estoy acá para contarla.
Sofia Vanesa Bernhardt
Cel: 2456 601-1735
Ig: lachicaconlamiradadiferente26
E-mail: [email protected]
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