Ansiedad, insomnio, depresión, fatiga persistente, dolor corporal, trastornos digestivos, niebla mental.
Los diagnósticos crecen. Las prescripciones también. Sin embargo, cada vez más personas siguen sintiéndose mal.
El problema no siempre es falta de tratamiento. Muchas veces es falta de enfoque.
La Dra. Lu Belbey, médica especialista en medicina del estrés, lo plantea con claridad:
“Estamos interviniendo en los síntomas, pero dejando fuera al sistema que organiza la respuesta del cuerpo frente al estrés: el sistema nervioso.”
El cuerpo no se enferma “de golpe”, se adapta
El sistema nervioso regula funciones esenciales: sueño, digestión, inmunidad, hormonas, inflamación, estado de ánimo, energía. Su función principal es detectar seguridad o amenaza.
Cuando una persona vive en exigencia constante, preocupación crónica, presión emocional sostenida o conflictos no resueltos, el organismo entra en modo supervivencia. Ese estado no es solo psicológico: es biológico.
Se eleva el cortisol, se alteran neurotransmisores como la serotonina, cambia la respuesta inmune y aparece inflamación persistente de bajo grado. El cuerpo no está fallando: se está adaptando a una señal interna de peligro que no se apaga.
La serotonina no se regula solo con química
Suele hablarse de la serotonina como “la hormona del bienestar”, pero su equilibrio depende de mucho más que una intervención farmacológica. El estado del sistema nervioso, la calidad del descanso, la regulación emocional y el funcionamiento digestivo influyen directamente en su producción y utilización.
Si el organismo vive en alerta crónica, la bioquímica se altera como parte de esa adaptación. Modificar neurotransmisores puede ser una herramienta clínica, pero no transforma por sí mismo el estado de amenaza que originó el desequilibrio.
El síntoma no es el problema, es la señal
Dolor, ansiedad, insomnio o agotamiento no siempre son fallas aisladas. Con frecuencia son la expresión de un sistema nervioso sobrecargado.
La Dra. Belbey lo resume así:
“Muchas personas reciben medicación, pero no educación sobre cómo funciona el estrés en su cuerpo. Sin regulación del sistema nervioso, el origen del problema permanece activo.”
Consultas breves, foco exclusivo en lo que molesta y poca explicación del proceso fisiológico que lo sostiene dejan afuera una pieza central de la salud.
Aliviar no es lo mismo que regular
Silenciar un síntoma puede disminuir el malestar, pero no necesariamente interrumpe el proceso biológico que lo generó. Si el sistema nervioso continúa en modo amenaza, el terreno que favorece el desequilibrio sigue presente.
Trabajar la raíz implica ayudar al organismo a salir de ese estado mediante:
- descanso reparador
- regulación respiratoria y corporal
- reconocimiento y procesamiento emocional
- revisión de patrones de autoexigencia
- entornos vinculares que aporten seguridad
Cuando el sistema nervioso recupera sensación de seguridad, disminuye la inflamación, mejora la digestión, se ordena el sueño y se estabiliza la química interna.
No se trata solo de salud mental.
Se trata de fisiología.
La pregunta de fondo no es únicamente cómo bajar un síntoma, sino:
¿Estamos ayudando al cuerpo a dejar de sobrevivir para empezar a funcionar en equilibrio, o solo estamos postergando el problema en el tiempo?
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