viernes 23 de enero del 2026

EL QUE TENGA TIENDA ¡QUE LA ATIENDA!, SINO QUE NO EMPRENDA

Emprender no es solo abrir una tienda o crear redes sociales: es estar disponible para quien elige tu negocio. Cuando atender molesta, algo está fallando. Una reflexión sobre la actitud, el servicio y el verdadero rol del cliente en el éxito de cualquier emprendimiento. Galería de fotosGalería de fotos

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Emprendedores que abren redes sociales, crean tiendas online, inauguran locales físicos y celebran cada nuevo canal como una oportunidad de crecer. Pero cuando el cliente aparece -pregunta, consulta, insiste o simplemente espera una respuesta-algo se rompe en el camino.

Mensajes sin responder durante días. Respuestas secas, automáticas o directamente inexistentes. Gestos de fastidio en un local cuando alguien entra “justo ahora”. Miradas que dicen “no tengo tiempo” aunque el negocio esté vacío.
¿Es esto normal? No.
Pero está peligrosamente normalizado.

Abrir una red social no es solo subir contenido lindo. Abrir una tienda física no es solo levantar la persiana. Tener un negocio implica, inevitablemente, atender personas. Y las personas preguntan, dudan, comparan, repreguntan y a veces no compran. Todo eso forma parte del juego.

Sin embargo, muchos emprendedores parecen vivir al cliente como una molestia:
“Preguntan mucho y no compran”.
“Siempre lo mismo, el precio está publicado”.
“Me escriben fuera de horario”.

EL QUE TENGA TIENDA ¡QUE LA ATIENDA!, SINO QUE NO EMPRENDA

Pero la realidad es simple y contundente: sin clientes no hay negocio. No hay marca, no hay ventas, no hay crecimiento ni sostenibilidad posible.

Las redes sociales no son vidrieras mudas. Son espacios de diálogo. Si abrís Instagram, WhatsApp o cualquier canal digital, tenés que estar dispuesto a sostenerlo. No se puede abrir una red y abandonarla, así como no se puede abrir un local y enojarse cada vez que alguien cruza la puerta.

En la tienda física pasa lo mismo. El cliente puede preguntar diez veces lo mismo, puede no decidirse, puede estar de mal humor. Y aun así, sigue siendo la razón por la cual ese negocio existe. Atender bien no es simpatía forzada: es profesionalismo.

La diferencia entre un negocio que sobrevive y uno que crece no está solo en el producto o el precio, sino en la actitud. En entender que cada consulta es una oportunidad y cada interacción construye -o destruye- reputación.

Moraleja emprendedora:
Si tenés tienda, atendela. Si abrís redes, respondé. El cliente no interrumpe tu trabajo: es tu trabajo.

Instagram: @luisinareitanomay

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