Durante los últimos años, el minimalismo marcó el pulso de la decoración: espacios despejados, paletas neutras y una estética casi clínica que priorizaba el orden por sobre la expresión. Pero en 2026, esa lógica empieza a quedar atrás. La nueva tendencia propone volver a habitar los ambientes desde la emoción, el confort y la personalidad. Y en esa sintonía, Florencia Peña no solo adhiere al cambio, sino que decidió llevarlo a fondo: entró en obra y remodeló su casa para adaptarla a esta nueva mirada del diseño interior.
Lejos de los interiores monocromos y austeros, los nuevos espacios apuestan por la superposición de materiales, el juego de texturas y una iluminación pensada para crear clima. El recorrido por su hogar deja ver con claridad el contraste entre el antes y el después: de ambientes en bruto y sectores en plena construcción, pasó a espacios cuidados al detalle, con una estética que combina lujo, calidez y una fuerte presencia visual en cada rincón.
Florencia Peña y una casa que apuesta al impacto visual
En los ambientes predominan los tonos claros, blancos, grises suaves y nude, que funcionan como base para sumar acentos dorados, textiles mullidos y piezas de diseño con impronta escenográfica. El dormitorio principal, por ejemplo, se destaca por un respaldo geométrico con detalles metálicos, una banqueta tapizada en rosa empolvado y una iluminación perimetral que realza la arquitectura del espacio. Nada queda librado al azar: cada elemento suma presencia y carácter.
El vestidor también responde a esta lógica de abundancia elegante. Con puertas vidriadas y perfilería oscura, estanterías abiertas y exhibición de prendas, el espacio deja de ser meramente funcional para convertirse en parte de la experiencia estética del hogar. La casa no solo se habita: se muestra, se recorre y se disfruta como un recorrido sensorial.
Florencia Peña y el regreso del lujo cálido en los interiores
Este giro no es casual. En ferias y exposiciones de diseño, como Casa FOA, ya se observa una clara ruptura con el minimalismo: vuelven los materiales nobles, los muebles de gran tamaño, las paredes con textura y la mezcla de estilos. El objetivo es que los espacios reflejen identidad, historia y emoción, en lugar de parecer escenarios neutros y despersonalizados.
La tendencia también responde a una necesidad post-pandemia: transformar la casa en refugio, pero también en lugar de disfrute y expresión. Por eso, el confort se vuelve protagonista y los objetos decorativos recuperan su rol narrativo. Almohadones, lámparas, arte y mobiliario dejan de ser accesorios para convertirse en parte central del diseño.
Florencia Peña interpreta este espíritu con naturalidad. Su decisión de remodelar y reinventar sus ambientes confirma que el “más es mejor” no es solo una moda pasajera, sino una forma de volver a conectar con el placer de habitar. En 2026, la decoración se vuelve una declaración de estilo y Florencia Peña ya está jugando en esa liga.
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