Diciembre suele llegar cargado de balances. Listas mentales de lo logrado, lo pendiente y aquello que “debería haber sido distinto”, como si el año tuviera la última palabra sobre nuestros procesos internos. Sin embargo, que un año termine no significa que tus objetivos fracasen ni que tus metas caduquen.
Como psicóloga, veo con frecuencia cómo las personas se castigan a sí mismas en este tiempo: se juzgan por no haber llegado “a tiempo”, por no haber cumplido expectativas propias o ajenas, por sentir cansancio en lugar de celebración. Y es importante decirlo con claridad: los procesos humanos no funcionan al ritmo del calendario.
Las metas no se rompen porque un año termine. A veces solo necesitan pausa, reformulación o más cuidado. Otras veces, simplemente necesitaban que primero te sostengas a vos. Crecer no siempre es avanzar rápido; muchas veces es aprender a detenerse sin culpa.
Este cierre de año puede ser una invitación distinta: dejar de preguntarte qué te faltó y empezar a reconocer cuánto sostuviste. Lo que aprendiste, lo que soltaste, lo que atravesaste. Incluso aquello que dolió también construyó recursos internos.
No te castigues por estar en proceso. No te exijas cerrar etapas que todavía están madurando. El verdadero balance no se mide en logros visibles, sino en la capacidad de mirarte con mayor respeto y amabilidad interna.
El año termina. Vos seguís. Y eso, en sí mismo, ya es un logro.
Lic. Prof. Micaela Saiff
Psicóloga y Pedagoga
IG: @acompeypsi
Polémico: el video con IA de Guillermo Moreno disparando en un reportaje
Qué es hacer un “Banksying”: la otra forma de manejarnos sin responsabilidad afectiva
A 7 años de su muerte, la hija de Sergio Denis reveló una foto inédita