Todo empezó con un amigo. Pérez Argüelles & Asociados era un estudio jurídico como tantos: cuatro décadas de trayectoria en Chivilcoy, casos de todo tipo, el trabajo de siempre. Hasta que el Dr. Hugo Pérez Mattiussi vio que un amigo suyo ya no podía con su obesidad — y decidió usar su herramienta, el derecho, para ayudarlo: presentó un amparo para que pudiera internarse en la Clínica de Nutrición y Salud del Dr. Cormillot. Apenas se supo, otra persona pidió lo mismo. Los dos amparos prosperaron, y los dos encontraron, por fin, una salida.
Un diario local contó la historia. Y esa pequeña nota cambió el destino del estudio: la leyó el entorno de Mariano Cidañez, un hombre que pesaba 335 kilos, llevaba dos años postrado en su casa, vivía de la generosidad de sus vecinos y tenía por única familia cercana a sus dos perros, a los que quería como a hijos. Hubo primero una amistad, después un amparo, y más tarde una internación. Hoy Mariano lleva más de 220 kilos menos, transita sus cirugías reparadoras y cuenta su historia en los medios y en sus redes para que otros no se rindan.
Su caso se hizo conocido en todo el país, y entonces llegó un desafío aún más difícil. Cristian Fredes no tenía obra social — y ninguna quería aceptarlo. La obesidad era la preexistencia que le cerraba todas las puertas, justo a quien más necesitaba atravesarlas. El estudio llevó su caso a la Justicia y obtuvo el primer fallo del país que obligó a una obra social a afiliarlo y a cubrir su tratamiento de internación. «Fue un fallo histórico, pero deja una enseñanza incómoda», reflexiona Pérez Mattiussi. «El derecho protege a las personas; lo que falta es que se vuelva realidad sin necesidad de un juicio. Nuestro deseo es que el Estado resuelva esto algún día sin que nadie tenga que litigar para salvar su propia vida».

Y un día llegó al estudio la mamá de Guadalupe, una chica de 18 años que pesaba 300 kilos. «Por favor, no quiero que mi hija se muera», les dijo. La frase conmovió a todo el equipo, porque condensa lo que viven miles de familias: la angustia de una madre que siente que salvar a su hija no depende de ella. Con el amparo logrado y más de un año de tratamiento, Guadalupe bajó 120 kilos y hoy se prepara para su cirugía bariátrica.
Caso tras caso, el estudio fue descubriendo una realidad que el país no ve: personas presas en sus propios cuerpos y en sus propias casas — de la pieza a la cocina, de la cocina al comedor —, asistidas por sus familias y vueltas invisibles, porque nadie puede caminar siquiera dos cuadras cargando más de 200 kilos. Han perdido la visibilidad porque perdieron la calle.
«Lo que casi nadie dice con claridad es que la obesidad es una enfermedad crónica», explica Pérez Mattiussi. «El cuerpo deja de reconocer el peso sano y tiende a acumular en exceso. Es como si alguien no pudiera regular su temperatura en 37 grados y viviera con fiebre toda la vida: nadie le reprocharía la fiebre. Sin embargo, a estas personas se las estigmatiza, se las culpa, y el acceso al tratamiento que la ley les garantiza se les niega, se les dilata o se les posterga».
Así, sin buscarlo, el estudio se transformó en el primero del país dedicado exclusivamente a estos casos: el acceso a la internación, a la cirugía bariátrica y a la cirugía reparadora de las personas con obesidad extrema. Se abocan a los más graves — tanto, que muchas veces deben decir que no, porque no dan abasto. El propósito que los ordena es uno solo: que toda persona que supera los 200 kilos, y cuya única salida es la internación, tenga una segunda oportunidad en su vida.
Y las segundas oportunidades están a la vista. Quienes lo lograron — Mariano, Cristian, Guadalupe — se convirtieron en faros: personas que muestran cada día, con su propia vida, que de esta enfermedad se puede salir cuando alguien acompaña. Esa, al final, es la historia de este estudio: la de un amigo que ayudó a un amigo — y ya no pudo parar.
Pérez Argüelles & Asociados | Abogados en derecho a la salud
www.perezarguelles.com.ar
La historia de Mariano: Instagram @marianocidanez · TikTok @marianocalamar
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