En un mundo donde la arquitectura suele dejar tras de sí montañas de desechos, Marcela Silvestrini desarrolla su carrera artística utilizando los restos como puntapié para las obras que realiza. Arquitecta y artista visual, socia fundadora de Silvestrini Criston Arquitectos, Marcela ha convertido la obra en construcción en su propio taller de arte. Lo que para muchos es basura —restos de mallas plásticas, alambres, bolsas de cemento vacías, membranas asfálticas— para ella es materia prima. "Las recuperás antes de que vayan a parar al volquete", dice con una sonrisa cómplice, como quien rescata un tesoro olvidado.

Del bosquejo a la intuición
El proceso creativo de Marcela tiene dos caras bien definidas. En la arquitectura, el camino suele comenzar con un bosquejo, un mapa donde se trazan las ideas iniciales, siempre sujetas a las funciones que deben convivir. "En la arquitectura hay limitaciones", explica. En cambio, en su faceta artística, el proceso es otro: "Fui soltando, tuve que forzar a lo intuitivo. No me limito porque no hay limitaciones".
Esa libertad le permite jugar con los materiales que encuentra en las obras que construye junto a su marido, Ariel Criston. Mallas plásticas y metálicas, cintas, alambres, restos de membrana poliuretánica, pintura asfáltica, arena y cemento se convierten en sus pigmentos y texturas. "Las bolsas las teñí, las pinté", cuenta entusiasmada. "Te dan color, te dan textura".
Uno de sus trabajos más emblemáticos es "Rastros", una pieza de 150 x 150 cm realizada en 2024. En ella conviven esmalte, bolsas de cemento, manta fibrada, membrana poliuretánica, malla plástica, arena, cemento y pintura asfáltica. El resultado es un lienzo tridimensional que atrapa la memoria de la obra, sus estratos, sus huellas.

Arquitectura, pintura, escultura
En una de sus últimas series, Marcela tomó un elemento que pertenece al armado de las columnas —una pieza de madera— y aplicó una ancestral técnica japonesa de carbonización. "Cuando la quemás la preservás", explica. "A partir de ahí se le hace una protección. Empieza a mostrar las fibras reales de la madera". Luego la moja y la lacra, realzando las vetas que el fuego revela. Así, lo que iba a ser un simple encofrado desechable se transforma en una pieza única, donde el azar controlado dialoga con la tradición.
Hoy, Marcela Silvestrini está trabajando en una nueva serie de objetos tridimensionales, en donde la escultura y la pintura conviven en un mismo plano. "Busco que el material hable por sí mismo", dice. "Que el espectador sienta la textura del cemento, la aspereza de la malla, la suavidad de una bolsa de papel que alguna vez contuvo cal". Es su manera de cerrar el círculo: la obra arquitectónica, que alguna vez generó esos restos, vuelve a la vida en forma de arte, para quedarse en las casas que ella misma diseña. Muchas veces son los propietarios quienes eligen sus obras para integrarlas a la decoración, completando así una sinergia perfecta entre el espacio construido y el alma que lo habita.
Marcela Silvestrini demuestra que no hay materiales nobles o innobles, sino miradas capaces de transformar el descarte en poesía visual.
Recientemente algunas de sus obras formaron parte de “Mujer Naturaleza” en el Sheraton Pilar Hotel & Convention Center, y actualmente sus producciones forman parte de distintos espacios públicos y privados.
Redacción: Pía Dalesson
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