Algunas personas tuvimos la suerte de escuchar, en algún momento, estas palabras: “Si te vieras con mis ojos”. Una frase que invita a mirar con más amor todo eso lindo que muchas veces no podemos ver de nosotros mismos, pero que otros sí ven: lo fuertes que somos, lo que logramos, el potencial que tenemos.
Pero por más que alguien nos diga “qué bien estás”, “lo estás logrando” o “sos hermosa”, si no cambia la forma en que nos vemos a nosotros mismos, esas palabras no alcanzan. No basta con que otro lo vea si yo no puedo verlo.
En terapia esto se vuelve muy claro. Decirle a una paciente “sos una chica hermosa” no tiene efecto si ella se siente fea. No se trata solo de lo que le diga el otro, sino de lo que ella misma pueda llegar a creer sobre sí. Muchas veces, algo impide que podamos vernos con buenos ojos. Y ese “algo” tiene que ver con el lugar que nos dieron las personas más importantes en nuestra infancia.
No hablamos solo de los padres biológicos, sino de quienes ocuparon un rol importante en nuestra crianza. Esas personas, con sus palabras y actitudes, muchas veces nos fueron marcando un lugar: “sos torpe”, “sos brillante”, “sos un problema”, “sos la responsable”, “sos la mimada”. Esos lugares, aunque no siempre lo notemos, terminan influyendo mucho en cómo nos miramos a nosotros mismos.
Recuerdo el caso de una paciente cuyo padre le repetía desde chica: “sos una marmota”, en referencia a que dormía mucho. Hoy, de adulta, tiene dificultades para despertarse y vive con sensación de cansancio. No es casual. Las palabras dejan huella.
A veces, esos lugares que nos dieron no son lindos, pero igual los tomamos porque era la forma que teníamos de existir para ese otro. Es preferible tener un lugar, aunque duela, a no tener ninguno. Porque cuando no tenemos lugar en la mirada de quienes más importan, cuando no fuimos vistos o nombrados, las heridas suelen ser más profundas.
Lo importante es saber que esos lugares no son definitivos. Con trabajo personal, con acompañamiento, es posible correrse de ahí y construir una mirada más amable, más libre, más propia.
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