martes 01 de septiembre del 2026

¿Todo es trauma? Cuando empezamos a diagnosticar lo que sentimos

Trauma. Ansiedad. Narcisismo. Apego. Gaslighting. Palabras que hasta hace algunos años circulaban en ámbitos clínicos hoy aparecen en redes sociales, conversaciones entre amigas y discusiones de pareja. | por la Lic. Cindy Rybak Galería de fotosGalería de fotos

¿Todo es trauma? Cuando empezamos a diagnosticar lo que sentimos
¿Todo es trauma? Cuando empezamos a diagnosticar lo que sentimos | CONTENT CARAS LIKE
CONTENT CARAS LIKE

Que hablemos más de salud mental es, sin dudas, un avance. Tenemos más herramientas para reconocer lo que nos pasa, pedir ayuda y poner en palabras experiencias antes silenciadas. El problema aparece cuando esas palabras dejan de ayudarnos a comprender y empiezan a funcionar como etiquetas rápidas.

No toda tristeza es depresión. No toda preocupación es un trastorno de ansiedad. No toda persona que nos lastima es narcisista. Y no toda experiencia dolorosa constituye necesariamente un trauma.

¿Todo es trauma? Cuando empezamos a diagnosticar lo que sentimos

Distinguir no significa minimizar. Una experiencia puede doler muchísimo sin necesitar un diagnóstico para ser válida. Cuando todo se convierte en una categoría clínica podemos empezar a mirarnos desde la patología: ya no estamos tristes, “somos depresivos”; ya no atravesamos una crisis, “tenemos un trauma”; ya no tenemos un conflicto, “el otro es tóxico”. En ese intento por entendernos, a veces simplificamos experiencias mucho más complejas.

En la maternidad esto aparece cada vez más. Escucho a madres preguntarse si un límite puede “traumatizar” a su hijo, si una separación afectará su apego o si permitir que se frustre puede dejarle una marca.

Detrás hay algo valioso: una generación que quiere mirar la salud mental de sus hijos y revisar formas de crianza. Pero esa intención puede convertirse en una exigencia imposible: criar hijos que nunca sufran, se frustren o se enojen.

Y eso no es salud mental.

¿Todo es trauma? Cuando empezamos a diagnosticar lo que sentimos

Crecer también implica atravesar frustraciones, pérdidas, esperas, límites y conflictos. Nuestro trabajo como adultos no es evitarles cada emoción incómoda, sino acompañarlos y ofrecerles vínculos seguros desde los cuales puedan transitarlas.

La Organización Mundial de la Salud hace una distinción importante: todos podemos sentir ansiedad alguna vez, mientras que en los trastornos de ansiedad el miedo y la preocupación son intensos, excesivos, difíciles de controlar e interfieren en la vida cotidiana.

Las palabras importan. Los diagnósticos también. Bien utilizados pueden ordenar, aliviar y orientar un tratamiento. Cuando los usamos para explicar todo, pueden terminar explicando muy poco.

Quizás cuidar la salud mental no sea ponerle una etiqueta a cada cosa que sentimos, sino distinguir cuándo estamos frente a una emoción humana, cuándo necesitamos tiempo y cuándo necesitamos ayuda profesional.

 

Lic. Cindy Rybak
Psicóloga · Consultora de Sueño Infantil
M.N. 64835
Instagram: @psi.cindyrybak
[email protected]

Galería de imágenes
EN ESTA NOTA