En el corazón de un barrio porteño donde las casonas tradicionales conviven con modernos edificios, se esconde una joya arquitectónica que parece sacada de otro siglo. Emilia Attias y el Turco Naim supieron convertir su casa conyugal en un verdadero manifiesto estético: un espacio donde se mezclan influencias nórdicas, detalles bohemios y una impronta muy personal que reflejaron sus estilos de vida. La casa, lejos de seguir el estilo minimalista elegido por los fashionistas, sorprendió a primera vista con una fachada sobria que contrasta con la explosión de colores y texturas que guarda en su interior.

La casa de Emilia Attías y el Turco Naim, con sello propio
Emilia Attías y el Turco Naim supieron ganarse el amor y el cariño del público tras 15 años de romance y una notable diferencia de edad. Cuando se conocieron él tenía 44 y ella tan sólo 23, sin embargo, se casaron y formaron una de las parejas más queridas del mundo del espectáculo por su impronta y carisma que los hacía resaltar de los demás. Tal es así, que conformaron un hogar lleno de significado donde cada objeto tiene un porqué y una apreciación sentimental.
El diseño general respondió a una inspiración nórdica, con ambientes sumamente cargados de muebles de madera, techos altos y un predominio de la luz natural que ingresaba por ventanales vintages. Sin embargo, lejos del caos que podría causar un espacio cargado de objetos, la luz cálida y el sillón al lado de la chimenea -y frente al televisor- hicieron del living el lugar favorito de cualquier pareja. En cada rincón se percibió la intención de construir un hogar funcional, pero con un sello artístico inconfundible.
Uno de los atractivos más comentados de la propiedad es la barra al aire libre ubicada en la pequeña terraza. Allí, entre plantas que se distribuyen a lo largo sobre la tabla, se levanta una estructura moderna en la que predominan la madera y el hierro, junto con la colocación de un techo para refugiarse de la lluvia. La barra, iluminada con guirnaldas de luces cálidas, genera un ambiente distendido, que transporta a cualquier visitante lejos del ritmo vertiginoso de la ciudad.
Asimismo, el quincho también se robó todas las miradas: las amplias mamparas de aluminio combinadas con vidrios lisos fueron dejadas de lado para darle paso a un vitral de colores que llenaron de diseño al lugar. En el interior, la expareja de actores colocó la parrilla y, a un costado, un mural de un tigre que, según el ex Videomatch, custodiaba cuando oficiaba de anfitrión.
Pero si el exterior sorprende, el interior no se queda atrás. Dentro de la casa, los artistas idearon un bar extravagante que se convirtió en uno de los rincones más fotografiados de la propiedad. No se trata de una barra convencional, sino de un espacio con identidad propia: botellas de colección, objetos vintage, sillones de cuero y una iluminación escenográfica que recrea el ambiente de un club privado. Allí, Emilia Attías y el Turco Naim solían recibir a sus amigos. La mezcla entre modernidad y espíritu retro es un sello que define a toda la casa, pero que encuentra en este bar su máxima expresión.

La casa de Emilia Attias y el Turco Naim fue mucho más que una residencia de lujo: fue una declaración estética, donde quedaron inmortalizados murales de grandes artistas plásticos como así también, las pinceladas artísticas que cada uno con su originalidad y estilo retro supieron combinar para que su amor fluya entre esas paredes que se cargaron de historias.
NB

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