Rochi Igarzábal parece tener una marca personal bastante definida a la hora de decorar. Su casa lo deja ver desde la primera impresión: hay una búsqueda definida, una selección personal y una manera de vivirla que se siente muy propia. Todo da la impresión de haberse ido armando de a poco, sin apuro, eligiendo cada cosa con afinidad real y con una idea bastante clara de cómo quiere vivir. Y en ese armado, dos cosas aparecen una y otra vez: el arte y las plantas.
Rocío Igarzábal y un living donde el arte corre al minimalismo
La base del interior es tranquila: paredes blancas y piso claro. Pero a contramano de tanto interior que hoy empuja hacia la neutralidad total y la supresión de cualquier acento, Rochi Igarzábal fue para otro lado. Apostó por el color, por las ilustraciones con presencia y por una casa donde lo visual tiene peso. En el living, esa elección se concentra sobre todo en la pared que enmarca el sillón. Ahí conviven obras y reproducciones del universo de Matisse, con referencias a La música y La blusa rumana, junto a una imagen de nenas bailando del pintor Degas.
No parece una pared armada para verse elegante, sino una selección más espontánea, hecha a partir de imágenes que evidentemente le gustan. Y ahí hay algo que ordena bastante la casa: mientras muchos interiores hoy se vacían de color y de referencias, Rochi eligió cargar esa pared de imágenes con fuerza visual. En ese sentido, hasta su perro y su gato —los dos en blanco y negro— parecen combinar, a su manera, en una casa donde el color es ley.
Rocío Igarzábal: un sofá con peso, una guitarra a mano y mucho verde
No es casual que aparezca Matisse. Figura central del fauvismo, una de las vanguardias del siglo XX, hizo del color intenso uno de sus rasgos más reconocibles. En una casa de base clara, esas obras empujan el living para otro lado y lo corren de cualquier neutralidad excesiva. Incluso uno de los almohadones del sillón parece seguir esa misma línea: el dibujo del rostro, resuelto con trazos gruesos y bien marcados.
Debajo de esa pared, un sofá modular enorme en azul petróleo que ancla el ambiente y le da peso. En un rincón, casi al pasar, asoma una guitarra apoyada detrás del sillón. El detalle tiene lógica en una casa atravesada por la música: Rocío es cantante y compositora, y su pareja, Milton Cámara, es músico y compositor. En más de una entrevista, ella también habló de una vida cotidiana muy ligada a tocar y componer.
A eso se suma el mueble de TV nuevo, en madera clara con perfilería negra, que resuelve una pared entera con guardado cerrado, repisas abiertas y lugar para libros, objetos y macetas. Las plantas aparecen ahí y también en la habitación, donde el clima baja un cambio y todo se vuelve más íntimo, en una casa que también deja ver su costado más familiar de Rocío Igárzabal, junto a su pareja y su hija.
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