domingo 20 de octubre de 2019
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CELEBRIDADES | 22-04-2019 19:29

Isabel Macedo y Juan Manuel Urtubey abren las puertas de la residencia oficial

Desde Salta, la pareja y su hija "Belita" recibieron a CARAS en su hogar. "El sueño de la presidencia se sostiene con nuestro amor”, aseguraron. Galería de fotos


La beba de once meses se despierta de la siesta y todos estamos pendientes de cuál será su humor durante la producción fotográfica. Un verdadero misterio que no tardó en revelarse. Su mamá, Isabel Macedo – actriz del staff de celebridades de Multitalent Agency – la trae en brazos: luce una sonrisa radiante y una disposición a posar para las fotos digna de una It Baby Girl. Fascinado, su padre, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey se acerca a su hija Isabel (le dicen Belita) y le da un tierno beso. De fondo, el canto de diferentes clases de aves parece rebotar en los cerros y la precordillera. Es un paisaje soñado.
   El matrimonio abrió a CARAS las puertas de la residencia oficial en la Finca Las Costas, ubicada en la localidad de San Lorenzo, a pocos kilómetros de la ciudad de Salta. El precandidato presidencial por Alternativa Federal, que además tiene otros cuatro hijos, Marcos (24), Lucas, Mateo y Juana —fruto de su anterior relación con Ximena Saravia Toledo—, se casó con la actriz el 24 septiembre de 2016 en los jardines de esta casa, entre rosas, hortensias y jazmines, con célebres invitados que asistieron desde todo el país a esta gran reserva natural. Desde ese momento, quien fuera protagonista de “Amar despues de Amar”, la exitosa ficción que emitió Telefe, se convirtió en la Primera Dama de Salta (ella nació en Jujuy), acompaña a Urtubey a los actos oficiales, y ahora viaja junto a él durante su campaña por convertirse primero en candidato presidencial, y luego en Presidente de la Nación.
  

—Cuando se conocieron, dos universos bien diferentes se conectaron: el artístico y el político. Urtubey: ¿A Isabel le enseña Tips de cómo desenvolverse en su rol de Primera Dama de Salta?
   JUAN MANUEL URTUBEY:—(Risas). Nos divertimos mucho con eso, porque lo nuestro es la espontaneidad absoluta. Sale lo que sale, y eso es mucho mejor. Es cierto que Isabel está más limitada por expresar sus emociones en forma contundente y permanentemente, y en mi actividad impera más la diplomacia.
   ISABEL MACEDO:—Apenas empecé a acompañar a Juan Manuel, me decían dónde pararme y qué hacer. Y les quedaba claro a todos que yo voy por donde quiero, saludo primero para un lado y no para el otro, y después de casi tres años ya nadie me dice cómo debería actuar en un acto público (Risas).

—Usted dijo sobre su esposa: “Creo que vamos a tener la Primera Dama más divertida que hayamos tenido jamás”. Y también afirmó: “Si tengo la suerte de que los argentinos confíen en nosotros, sería buenísimo tener una Primera Dama que sale a laburar, que si tiene que grabar va al canal todos los días y hace lo que siempre hizo”…
   J.M.U:—Se trata de entender que estos cargos que uno tiene o deja de tener, no te dan más de lo que vos sos. Acá se suele construir un estereotipo a mi juicio muy sexista y discriminatorio. Por ejemplo, para algunos la mujer de un presidente, con toda esa cosa de pseudo protocolo, tiene que ser casi un objeto de culto y no una persona normal que tiene que ir a laburar o llevar los chicos al colegio. Lo que yo planteo respecto de Isabel es que ella es ella. Isabel Macedo es más que mi mujer, más que una Primera Dama, es ella misma. Una potencia que pasa por arriba de todo eso, por lo cual si fuera la mujer de un Presidente de la Nación, eso no le aportaría ni le quitaría nada. No tengo ninguna duda.
   I.M:—Además, creo que es la gente misma la que te quiere poner o no en un lugar, pero es una etiqueta mental de cada uno para quedarse tranquilo. Yo me casé con Juan Manuel y seguí grabando, incluso estando embarazada grababa la tira de Sandro…

—Gobernador, así como usted sueña y está preparado para ser Presidente de la Argentina, ¿Le pasa lo mismo imaginándola a ella como Primera Dama? ¿Usted sabe quién fue hasta ahora la única Primera Dama de un gobierno peronista que provenía del ambiente artístico?
      J.M.U:—Claro, Eva Perón…

—¿Podría repetirse, de alguna manera, una historia similar?
      J.M.U:— Te voy a aportar un dato más: nuestra hija nació un 7 de mayo, el mismo día que nació Eva Perón. Son cosas que suceden porque suceden. Esa gente que critica todo destacaba que le puse de nombre Isabel y era el día que nació Evita, pero mi hija se llama como su mamá, su abuela y su bisabuela, porque es una tradición familiar.
   I.M:—Y además, el día que nació Belita, por la mañana estuvimos los dos en una inauguración del Polo de la Mujer, yo con una panzota tremenda, pero todavía no era la fecha del nacimiento porque faltaban 20 días. Pero era el día del nacimiento de Evita, y a la tarde se adelantó el parto y nació nuestra hija…

—Isabel, ¿La asusta el rótulo de Primera Dama de la Argentina?
      I.M:—Prefiero pensar en que a Juan Manuel le vaya bien como Presidente de la Nación y no en lo que me suceda a mí. Yo sé perfectamente cómo soy, y ser la Primera Dama a mí no me cambiaría nada. A él, ser Presidente sí, porque tendría un montón de responsabilidades, muchas más de la que tiene ahora. En mí serían todas cosas que me dan placer y que vengo haciendo desde siempre. Pensá que yo tejo para hospitales junto a mi mamá desde que tengo doce años. Como Primera Dama sería la misma Isabel, pero más feliz si a Juan Manuel le fuera espectacular.

—¿Le gusta el estilo de la actual Primera Dama, Juliana Awada?
   I.M:—Sí, me parece divina.
   —Juan Manuel termina este año su tercer período como Gobernador y tendrían que dejar de vivir en este lugar. ¿Usted Isabel se imagina viviendo en la Quinta Presidencial de Olivos?
   I.M:—Me gusta que me guste el lugar en donde estoy, pero entiendo que esta casa donde estamos no es nuestra y sé perfectamente que acá estamos como “de prestado” (Risas). Pero sí lo siento mi hogar mientras estemos acá. Para mí, el lugar en donde está mi familia es mi casa.
   J.M.U:—Y así la estamos criando a Belita…
   I.M:—La beba se despierta todos los días en una provincia diferente…
   J.M.U:—Ella sabe que su hogar somos nosotros... Se siente en casa cuando estamos juntos.
   I.M:—Pensá que a lo mejor una noche dormimos en Neuquén, otra en Río Negro, otra en otra provincia… Es mucha movida para la beba, siendo tan chiquita, pero estar con nosotros la tiene que tranquilizar. Por eso nuestra casa es donde estemos.
   J.M.U:—Tengo este trabajo desde hace casi doce años, y es cierto que tiene una dinámica tremenda: no hay un día que sea igual que el anterior, jamás. Eso es lo apasionante. Pero es una etapa que concluye para que se inicie otra.

—¿Cuál fue la primera palabra que dijo Belita?
   I.M:—Fue “papá”, cuando tenía solo 7 meses… Pensé que iba a decir más rápido “mamá”, pero no (Risas). Lo vio entrar un día  a Juan Manuel y yo le pregunté: “¿Quién vino?”. Me miró y dijo: “Papá”... Te juro que yo “me morí” de amor y me puse a llorar. Ahora ya dice, además de “papá”, “mamá” y “hola”... Y con eso ya tiene todo lo que necesita (Risas).

—¿Juan Manuel la ayuda con la beba?
   I.M:—Me ayuda desde el minuto uno, y para mí fue una sorpresa. Tengo recuerdos muy claros de cuando no podía más del cansancio y él me decía: “Dámela a mí, vos dormí”. No me lo olvido más, porque yo estaba “rota”. Y con respecto a la beba, pensá que es alguien que acaba de nacer, que no sabe nada, y todo lo que va a entender del amor, de la vida, del peligro, de todo, es lo que ve en nosotros. Es un trabajo arduo, recién ahora tomo conciencia de eso. El otro día vino Juanita, la hija de Juan Manuel, la de quince años, yo estaba en el pasto con la beba y los dos gatos. A mí me gustan mil veces más los perros. Y Juanita me lo recordó, y yo le contesté que a Belita sí le gustan los gatos. Yo no quiero que Belita sea yo. O que tenga mis miedos. Yo quiero que ella sea la persona que quiera ser. Deseo darle las oportunidades de que me demuestre quién es. Esa parte me interesa, me divierte y quiero respetarla con toda mi alma. Por más que sea mucho más trabajoso, acompañar es lo más lindo del mundo. Es mucho trabajo tratar de que ella no sea yo.

—¿Cómo es Belita?
   I.M:—Tratamos de respetarla y ver cómo es. Me doy cuenta de que le gustan muchísimo los libros. Mucho más que los juguetes. Si tiene un oso, una muñeca y un libro, agarra el libro siempre.
   J.M.U:—Otra cosa que la enloquece son los cuadros. No hay forma de pasar caminando cerca de un cuadro y que ella no se pare, grite...
   I.M:—La llevamos alzada, y si está llorando, ve un cuadro y para de llorar. Hace como un suspiro de admiración frente al cuadro.

—Isabel, ¿Qué cualidades de buen padre tiene Juan Manuel?
   J.M.U:—¡Bueno, me voy a tomar unos mates porque tenés un par de horas...! (Risas).
   I.M:—Con él aprendí un montón sobre la libertad. Yo la entendía llena de condiciones, teniendo que hacer un montón de cosas porque se suponía que es lo más correcto. Es admirable descubrir ya de grande que la libertad está en respetar al otro tal como es, sin tratar de modificarlo. Y Juan Manuel lo ejercita: tiene paciencia, templanza, con todo lo que sabe tiene tranquilidad para poder escuchar que le digan cualquier cosa y no ser nunca agresivo. Por ahí yo en ese sentido soy mucho más limitada, y si esa persona te dijo una cosa y hace otra, o es un garca o es un imbécil. Y él me dice: “Eso es él, se maneja de esa manera, pero yo no soy así”.

—Gobernador, ¿Cómo es Isabel como mamá primeriza?
   J.M.U:—Primeriza y no tanto, porque aparte de Belita, mis otros cuatro hijos la tienen a Isabel como referente. En ese sentido acompaña muchísimo, y probablemente mis hijos más grandes hablan más con ella que conmigo. Todo el mundo se abre con ella, es un don que tiene Isabel que yo no había visto nunca en mi vida. La beba ya tiene su propia personalidad y se nota claramente, pero de Isabel hereda esa cosa de expresar su felicidad, expresar sus estados de ánimo sin filtro. En una beba es algo bastante normal, pero en un adulto no tanto, y eso también es Isabel. Ella tiene su sensibilidad siempre a flor de piel.

—¿Piensan en darle un hermanito?
   J.M.U:—¡Ya tiene cuatro! (Risas).
    I.M:—Que sea lo que Dios quiera. Así estamos espectaculares, es el milagro más perfecto que podría haber vivido. El milagro de ver a Belita, aún hoy que tiene casi un año: no puedo creer que se haya formado adentro mío. Todo eso me tiene fascinada, la verdad es que estoy muy agradecida. Y quiero para ella que sea lo que quiera, y para mí deseo poder ser lo suficientemente inteligente para dejarla ser (Se le llenan los ojos de lágrimas).

—Es más especial compartir un hijo con la persona que se ama tanto, ¿no?
   J.M.U:—Sí. ¡Es una bendición! (Los dos se emocionan hasta las lágrimas).

—¿Qué es lo más romántico que hizo uno por el otro?
   J.M.U:—Ella tiene gestos todo el tiempo, todos los días.
    I.M:—Soy fanática del amor en todas sus formas, pienso que eso es lo que transforma todo lo que hacés. Si le ponés amor, puede ser que no te salga perfecto, pero el otro lo recibe como vos lo mandaste. Ser respetuoso y amoroso tiene que formar parte de tu vida. Para mí eso es así con mi familia, con la gente con la que trabajamos, con quienes me cruzo y no conozco. Creo en esa manera, en ser amoroso con los demás.

—¿Cómo hacen para preservar los espacios de la pareja con una agenda tan cargada?
    J.M.U:—Te doy un ejemplo: Hace unos días terminamos tarde y habíamos arrancado re temprano, pero a la noche se presentaba Pedro Aznar y lo fuimos a ver. Ahí vamos solos...    
   I.M:—Y nos preguntan si no estamos reventados para encima salir, pero son momentos que nosotros tenemos para estar juntos. Mi mamá en eso es “re gamba”, nos cuida a la beba.

—A casi tres años de haberse casado y al concluir esta etapa política en Salta, ¿Cuál es el balance?
   J.M.U:—Seguramente, tu balance Isabel es lo feliz que sos porque realmente yo soy un tipo espléndido (Bromea).
   I.M:—¡La suerte que tuve! (Risas).   
   J.M.U:—Cuando vos realizás lo que te apasiona y para lo que te formaste toda tu vida, sentís la paz de estar haciendo lo que tenés que hacer…
   I.M:— (Interrumpe). Porque vos no sos egocéntrico, porque si lo hubiera hecho yo, que tengo una personalidad que nada que ver, me hubiera encargado de que todos supieran que en doce años de gobierno, se inauguró una escuela cada veintitrés días en tu provincia. Y nadie lo sabe porque pensás que es lo que corresponde hacer… (Risas).
   J.M.U:— Los chicos que van a la escuela lo saben...
   I.M:—Sí, está bien, pero a mí me coparía que todo el mundo lo sepa. Más de 20 mil familias con casa… Yo sé que faltan un montón de cosas por hacer, pero… ¿entendés la cantidad de gente que puede ir a estudiar en el lugar en donde vive y no se tiene que ir a no sé dónde, porque no tenía como ahora, primaria, secundaria y terciario? Son lugares que uno no sabe ni cómo llevaron los materiales para construir una escuela, en medio de un cerro. ¡A ese nivel lo digo! Obvio, ¿cómo no me voy a emocionar?, me vuelvo loca del amor, del respeto y de la admiración que siento por la persona con la que estoy.

—Se la nota también muy enamorada de su forma de hacer política…
   I.M:—Absolutamente, porque veo que Juan Manuel es diferente. Porque lo compruebo, porque no me lo cuentan, porque no quiero pensar que todo es la misma mierda… Porque vivo con alguien que se desvive por la gente.
   J.M.U:—Con el apoyo de Isabel, mi decisión de ser Presidente, que no es una decisión fácil, tiene que ver con trabajar para transformar la realidad de la Argentina. Porque si yo no logro hacerlo, no me interesa estar en política. No deseo estar mansamente viendo cómo esto se va barranca abajo permanentemente, y cada vez estamos peor, y uno sigue haciendo de cuenta que está tocando el violín en el Titanic. No estoy dispuesto a eso. Entonces o cambiamos la realidad de verdad, o... Las consecuencias serán muchísimas, en nuestra vida privada ya lo son, pero siento que estoy preparado para lograrlo.

—Urtubey, ¿por qué la gente debería votarlo para Presidente?
   J.M.U:— Creo que la Argentina necesita un cambio estructural. Tenemos que dejar atrás esta forma de hacer política donde ponemos parches para tratar de ir zafando. Hay que “parar la pelota” y hacerlo de nuevo, porque está todo mal hecho desde hace cincuenta años. Y no lo podemos realizar con un par de chicos con buenas intenciones y sin experiencia. Además, ¿lo vamos a llevar a cabo con los mismos que nos pusieron en este lugar? Somos raros a veces los argentinos. Nos está yendo bastante mal, en eso coincidimos todos. Por eso no estamos para ser conservadores. Yo me quiero animar a hacer algo nuevo. Si se puede, bárbaro; sino voy a dejarlo todo para probar.

—¿Cómo será Isabel Macedo como Primera Dama?
   J.M.U:— ¡Amorosa...!   
   I.M:— ¡Una Primera Dama espectacular! (Bromea). Ahora en serio: no es algo en lo que esté pensando, pero porque yo no sé proyectar. Siempre voy viviendo el momento, y falta un montón.

—Bueno, pero igual hagamos este ejercicio: abre los ojos y ya es Primera Dama…
   I.M:—Seré lo más yo misma que pueda. Si el proyecto de Juan Manuel es ser presidente, el mío es que nosotros, como familia, estemos juntos. Queriéndonos, cuidándonos y protegiéndonos.

Agradecimiento: Hotel Brizo Salta.

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Fabián Cataldo

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