La decisión sorprendió tanto por su simbolismo como por su impacto institucional: la princesa Leonor y la infanta Sofía renunciaron a la parte de la millonaria herencia que habían recibido del empresario menorquín Juan Ignacio Balada. Tras el fallecimiento del magnate en 2009, la Casa Real fue informada de que los entonces príncipes Felipe y Letizia, junto con sus hijas y otros nietos del rey Juan Carlos I, eran beneficiarios de su fortuna. El patrimonio estaba valorado en unos diez millones de euros y se repartía en dos mitades: una para la familia real y otra destinada a la creación de la Fundación Hesperia. Siguiendo el camino que ya habían tomado sus padres en 2010, las jóvenes optaron por donar sus cuotas de participación a dicha institución. Como consecuencia, hoy carecen de poder para tomar decisiones sobre el destino del inmueble, un gesto que refuerza la imagen de responsabilidad que la corona busca proyectar hacia el futuro.
Leonor y Sofía: la herencia millonaria que decidieron no aceptar
La herencia de la princesa Leonor y la infanta Sofía no solo incluía el palacete Balada, una joya arquitectónica en la isla de Menorca, sino también pisos, un huerto, una colección de radios, un piano y una farmacia modernista que había pertenecido a la madre del empresario. Este histórico comercio incluso fue reformado e inaugurado en 2023 con la presencia de los reyes, lo que evidencia el peso patrimonial del legado. Durante años, el futuro del palacio permaneció en suspenso, en parte porque algunos herederos aún eran menores de edad. Tras la mayoría de edad de Sofía, el Ayuntamiento de Ciutadella retomó las gestiones para darle un uso social acorde al deseo original de Balada. Sin embargo, la decisión final dependerá ahora de los otros herederos, entre ellos varios primos de las jóvenes.
Leonor y Sofía frente a un palacio histórico con destino social
Situado en la Plaza Juan de Borbón de Ciutadella, en Menorca, el palacete Balada es uno de los edificios más reconocibles de la isla. Fue construido en 1996 por el propio empresario, quien lo convirtió en su residencia habitual y en una expresión física de su éxito profesional. Con unos 500 metros cuadrados, la propiedad alberga amplios salones y jardines que refuerzan su carácter señorial. La fachada, revestida en el tradicional color teja menorquín, está adornada con elementos neoclásicos y coronada por una elegante baranda de balustres. Cada detalle responde a una estética clásica que combina presencia urbana y vocación residencial.
Aunque estuvo a la venta por 1,6 millones de euros sin encontrar comprador —antes del actual auge inmobiliario—, el edificio permanece cerrado desde hace años. Eso no significa abandono: la Casa Real se hizo cargo de los costos de mantenimiento, que resultan elevados para una propiedad de estas dimensiones. Mientras tanto, el gobierno local continúa interesado en convertirlo en un espacio de utilidad pública. La renuncia de Leonor y Sofía refuerza así una narrativa asociada al desapego material y al compromiso institucional. El palacio que pudo haber sido un refugio privado para la nueva generación de la monarquía hoy se proyecta, más bien, como un lugar con potencial comunitario.
La tierna sorpresa de Francesca e Isabella Icardi a Martín Migueles, el exnovio de Wanda Nara
Maxi López imitó a Wanda Nara en MasterChef y se llevó todas las risas
Wanda Nara no renunciaría a la cábala que mantenía cuando estaba con Mauro Icardi: qué hizo por su récord
Lejos de Facundo Arana, María Susini se mudaría de ciudad: cuál sería su nuevo destino
Virginia Gamba: “Decidí tener fe en el ser humano”
Relaciones boomerang: cortar y volver es más tóxico de lo que pensamos
Leticia Siciliani se metió en el "Guapagate" entre Griselda Siciliani y Luciano Castro: “No tiene cabeza para otra cosa”