domingo 18 de abril de 2021
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ACTUALIDAD | 19-11-2015 18:43

Maria Genecio Peña

"Mi elección sexual no me limita" Galería de fotos

Ella cautivó en la Red Carpet de Hollywood, como antesala de un instante mágico. Dos horas después, su marido, Nicolás Giacobone (40) recibía el premio Oscar en la categoría Mejor Guión Original (junto a Armando Bo, nieto del recordado director de cine Armando Bo) por el filme “Birdman”, que fue protagonizado por Michael Keaton, dirigido por Alejandro González Iñárritu, y además obtuvo las menciones a la Mejor Película, Mejor Director y Mejor Fotografía. Cuando le tocó agradecer, Nicolás incluyó en su lista a su gran amor, Mariana Genesio Peña (35), la misma rubia que había causado tanto impacto en la alfombra roja, y que generó una enorme repercusión mediática cuando se conoció su condición de transexual.

Modelo y actriz, Mariana nació hombre, bajo el signo de Leo, con una altura de 1,80 metro, en la ciudad de Córdoba.“Desde chica supe que quería ser una mujer y, cada vez que jugaba con mis amiguitos del barrio, les decía que mi nombre era Mariana. Durante la siesta, juntaba sillas una atrás de la otra para hacer como que estaba en una limusina y así recrear la escena del guardaespaldas en la que Whitney Houston llega a la entrada de los Oscars. O armaba escenarios en el patio de mi casa e imitaba a Madonna o Xuxa”, le confiesa a CARAS quien años más tarde actuaría en el Teatro Bauen en una versión de “La Casa de Bernarda Alba” y participaría en 2013 de la campaña de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) “Más inclusión sin bullying”. Genesio Peña posó para una producción fotográfica realizada por las calles de New York (donde vive), para la que fue maquillada por Mabby Autino, que viajó a Manhattan con su hija Florencia (10), para seguir desarrollando nuevas tecnologías para su marca de productos Mabby Pro Make up.

—¿Cuándo decidió ser transexual?

—En el primer año de la secundaria conocí a mi mejor amigo, Fernando. Era gay y le gustaba la actuación. Enseguida congeniamos y empezamos a hacer personajes para hacer reír a nuestros compañeros y así zafar del bullying. Hacíamos de dos modelos estúpidas, él era “Majo” y yo Mariana. Un día en un recreo yo me acomodo todo el cabello hacia un costado, dejando caer unas mechas sobre el rostro, y “Fer”, que me era muy observador y crítico, me dice: “Vos cuando mirás a alguien, en tu mirada se ve a una mujer. Tendrías que hacer que la gente te llame Mariana todo el tiempo”. No fue hasta después de seis años de ese momento que le hice caso. Casi al final del colegio secundario, cuando comenzaba a salir a bailar, la gente me confundía con una mujer.

—¿Fue un momento difícil?

—Para mí no era fácil vestirme como realmente hubiera querido porque mi familia no lo hubiese aprobado, pero de a poco mi figura y vestimenta se hacía más femenina. Así que, cuando entraba a una disco con mis amigas, todos asumían que era una más del grupo. Al poco tiempo, Fernando me llevó a “Hangar 18”, el boliche gay más importante de Córdoba en esos años, y ahí descubrí un mundo fascinante de travestis y personas libres llenas de colores.

—¿En esa etapa comenzó la transformación?

—Ese mismo año, el dueño del boliche me propuso postularme para la elección de la reina. Mis amigos, que estaban más entusiasmados que yo, me ayudaron con toda la producción y me presenté. En el momento en que pisé el escenario temblando de los nervios, la gente comenzó a ovacionarme. Me eligieron princesa, y al año siguiente salí elegida reina da varios boliches.

—¿Cómo lo tomaron sus padres?

—La noche celebraba mi expresión, pero en casa no pasaba lo mismo. Así que empecé a pedirles a todos que, cuando llamen a casa, me digan “Marian” como apodo, en vez de Mariana, para no incomodar a mis padres. El primer día de clases, en segundo año de la facultad de lenguas, un profesor comenzó a tomar lista y cuando dijo mi nombre de nacimiento, no contesté. Sentí que la cara se me ponía violeta de la vergüenza, todos se dieron cuenta de que se refería a mí. El profesor me pidió que me acerque a su escritorio y me preguntó cómo tenía que nombrarme. Enseguida tachó mi nombre original y puso el que me representaba. Ese fue el último día que tuve vergüenza de decir quién soy. A los días de ese episodio, abandoné los estudios y comencé a trabajar en una compañía de shows en Dorian Gray, otro boliche cordobés.

—¿Cuál de sus seres queridos la contuvo más?

—Mi familia fue aceptándome de a poco. Cada uno a su tiempo. La primera en aceptarme fue mi abuela. Ella cumplió un papel fundamental en mi vida. Siempre me apañó en todo y me pagó todos los estudios. Falleció hace unas semanas, dejándome un gran vacío. Hablábamos todas las semanas por Skype. La última vez que la vi estaba feliz de haberme visto en la mesa de Mirtha (la admiraba desde que Legrand era jovencita). Hoy pienso que aguantó hasta ese momento para poder irse contenta. Se llamaba Lucía Emma Stabio.

—¿Cuándo logra independizarse e iniciar su carrera?

—En el 2008 me mudé a Capital “a probar suerte”, como se suele decir. Los primeros meses fueron horribles. No contaba con ningún tipo de apoyo económico y las entrevistas de trabajo a las que me presentaba resultaban experiencias muy decepcionantes. Mi autoestima estaba por el suelo. Estaba viviendo en una habitación de un lugar que, en comparación... la vecindad de El Chavo parecía el hotel Four Seasons (Risas). Hasta que conocí a Roberto Piazza, quien me dio una oportunidad como modelo. Desde ese entonces, pude compartir el alquiler de un departamento con un amigo y compañero de teatro, en Avenida Corrientes y Paraná. Pero mi paso por los medios y el mundo de la moda fue fugaz y casi imperceptible, así que volví a tener problemas para pagar el alquiler.

—¿Cuándo conoce a Nicolás?

—Una tarde me voy a una cafetería a leer y a pensar para resolver si me volvía a Córdoba o seguía intentándolo en Buenos Aires. En un momento, entra un hombre con un libro gordo en la mano y me observa. Nos miramos mutuamente, mucho. Él sale del bar, vuelve a entrar y se me acerca muy nervioso. Yo le miré el libro en la mano y pensé: ¡sonamos, es un Testigo de Jehová que me viene a predicar la palabra del Señor! Pero no, se acercó para invitarme un café. Yo acepté y comenzamos a charlar sin parar, pasaban las horas y seguíamos ahí. Salimos de la confitería, fuimos al teatro y a cenar a la salida. Al otro día fuimos a ver “Vicky Cristina Barcelona” (película escrita y dirigida por Woody Allen), y desde ese día nunca más nos separamos.

—Así fue creciendo el amor y sus oportunidades de trabajo...

—Al año de estar conviviendo, a “Nico” comenzaron a surgirle viajes de trabajo como guionista. Casi siempre a New York y Los Angeles. Mientras tanto, yo comenzaba a dar mis primeros pasos como actriz en obras del circuito Off Corrientes. Durante dos años estuve encarnando a Angustias en la obra “La Casa de Bernarda Alba” de García Lorca, con una compañía de actrices trans. El último año me animé con un unipersonal que Nicolás me escribió para que deje de pedirle que me consiga papeles en cine (Risas). Pero también fui maquilladora y camarera, trabajé cubriendo estrenos de obras de teatro para un programa de FM La Tribu. Amo el teatro argentino y a nuestros actores y actrices. El teatro me ayudó a vencer todos mis prejuicios y complejos. Por mucho tiempo me sentí frustrada porque no era ni tan linda, ni tenía las medidas ideales, pero descubrí con la actuación que todo se puede capitalizar.

—¿En qué momento decide ir a vivir a New York?

—Llegó un momento en que “Nico” tenía que instalarse en New York, así que decidimos casarnos luego de varios años de convivencia, para mudarnos a Manhattan con nuestro amado perro llamado Larry. Enseguida llegaron las nominaciones y toda la experiencia de acompañar a mi pareja en la entrega de todos los premios, en Los Ángeles, NYC y Londres. Fueron meses que nunca voy a olvidar. Fue como vivir un mundo de fantasías.

—¿Cómo define su estilo? ¿Qué impronta siente que le imprime a la moda?

—Mis pasatiempos favoritos son la moda y el baile. Complemento el Gym con clases de Burlesque (danzas sensuales). Pero paso horas sumergida en tiendas de ropa y revistas de moda. No creo que tenga un estilo definido. Aunque me enloquece la onda de los 60´s y 70´s, tipo Brigitte Bardot. Gwen Stefani es otro de mis Fashion Icon favoritos. Me encanta jugar con el outfit según el estado de ánimo. Por ejemplo, hay días en que se me ocurre ponerme una peluca fucsia para ir al mercado, y otros en los que necesito sentirme “femme fatal” solo para quedarme en casa comiendo pochoclos. Preciso divertirme en todo lo que hago.

—¿Cree que su elección sexual impone un límite en su profesión y en el amor?

—No creo que mi elección sea un límite en el amor. En ese espacio no hay límites, ni prejuicios, ni miedos, ni culpa. Tal vez, un poco en lo laboral, porque los castings son siempre muy específicos y los papeles para una chica trans, latina en Estados Unidos, no abundan por ahora. Pero es algo que está cambiando a una velocidad oportuna. Tanto en Argentina como en Estados Unidos, percibo una apertura mental y una inclusión que no se veía cinco años atrás. En la actualidad estoy haciendo algunos trabajos como modelo y me estoy preparando para audicionar para una película.

—¿Con Nicolás fantasean con adoptar niños?

—Tener hijos no es algo que consideramos por el momento. Nos gusta mucho la vida que llevamos. Y a veces pensamos que, si somos así de sobreprotectores con Larry (nuestro perro), con un hijo seríamos insoportables. ¡Nos saldría un chiquito/a muy malcriado/a y consentido/a! (Risas).

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