Entre objetos con historia, vajilla antigua, latas intervenidas, viejos cajones de madera, plantas y el deseo de vivir más despacio, nació un pequeño vivero que transformó mi manera de mirar la naturaleza y de habitar mi hogar.

Como si todo hubiera estado planeado desde el comienzo… Pero no fue así.
Hace un par de años construimos una estructura de hierro con techo de policarbonato para proteger los autos del clima. Decoré ese espacio con banderines y macetas con plantas que, curiosamente, se mantuvieron impecables al resguardarse del sol intenso del verano y de las heladas del invierno.
Sin darme cuenta, ese rincón comenzó a transformarse. Lo que había nacido para proteger los autos terminó convirtiéndose en un pequeño vivero y en un espacio donde descubrí una nueva manera de conectar con la naturaleza.
Con el tiempo descubrí que no se trata solamente de saber de jardinería. A veces, detenerse y observar es la mejor forma de aprender. Así entendí que el diente de león no es una simple maleza: nace siendo sol, se convierte en luna, se desvanece como pequeñas estrellas que el viento se lleva y vuelve a comenzar su ciclo. Tal vez por eso sigo repitiendo aquel gesto de mi infancia: soplar un “panadero” y pedir un deseo.
También aprendí que la naturaleza funciona como una gran red de relaciones. Me sorprendió descubrir cómo las hormigas y la cochinilla algodonosa se benefician mutuamente. Mientras la cochinilla produce una melaza que las hormigas adoran, ellas la protegen de otros depredadores. También observé cómo las caléndulas ayudan a atraer insectos beneficiosos y a proteger otros cultivos.
Los cactus, las suculentas, las aromáticas y los plantines de huerta son los protagonistas de mi carrito rosa. No vendo solamente una planta: ofrezco una invitación a conectar con la naturaleza, bajar el ritmo y disfrutar de pequeños momentos.
Sin haberlo planeado, los plantines de huerta me llevaron a incorporar la venta de huerteros, bancales, composteras, núcleos de lombrices californianas y talleres de huerta para chicos.
Cuando no estoy en una feria, también pueden pasar por mi casa a buscar un pedacito de Patio Solier.
Mi vivero es mucho más que un espacio verde: es un lugar donde conviven el reciclaje, la observación y el aprendizaje cotidiano. Creo profundamente que rodearnos de naturaleza nos transforma.Porque ,de alguna manera ,mientras crecen las plantas ,también crecemos nosotros.
Datos de contacto
Facebook: Claudia Noemí Paciarotti
Instagram: @patiosolier
WhatsApp: 291 425-7649
E-mail: [email protected]
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