Tu trabajo integra cuerpo y voz de manera integral. ¿Cómo nace este enfoque?
Nace de mi propio recorrido como actriz y docente, y también de momentos de búsqueda y de quiebre que me llevaron a replantear cómo entrenaba y cómo creaba. Con el tiempo entendí que no podía trabajar la voz por un lado y el cuerpo por otro, porque en escena todo sucede al mismo tiempo: emoción, acción, imagen, cuerpo y voz.

¿En qué consiste tu método?
Mi método investiga el cuerpo y la voz de forma integral a partir de principios fisiológicos como peso, centro, equilibrio y oposición, aplicados a la acción y la imagen para construir presencia.
Trabajamos también la mentalidad, la potencia vocal y los resonadores en integración con el cuerpo, junto con herramientas de Anatomía Escénica, ritmo y composición.
Todo el entrenamiento está orientado a la acción concreta, con programas tanto para artistas como para cualquier persona que quiera explorar y transformar su forma de expresarse.
¿De qué manera tu experiencia en escena influye en la forma en que entrenás y acompañás a otras personas?
Para mí forman parte de un mismo camino. Lo que investigo en la escena alimenta mi trabajo pedagógico, y lo que descubro en la docencia vuelve a transformar mi manera de crear. Mi método nace de ese ida y vuelta constante: de experimentar en el escenario, acompañar procesos reales, aprender del error y convertir esas experiencias en herramientas concretas que generan verdad, impacto y conexión con el público.
¿Qué buscás que se lleven quienes pasan por tus programas?
Que confíen en su propio instrumento y en su singularidad, con recursos técnicos que los sostengan.
Que sepan volver al cuerpo cuando aparece el miedo, usar la voz sin esfuerzo y crear desde un lugar más lúdico.
Y que puedan llevar esa potencia expresiva tanto a donde lo necesiten —sus trabajos, la escena o la vida cotidiana—, con más disfrute y liviandad.
¿Cómo se desarrolla hoy tu trabajo actoral?
La escena es mi laboratorio y también mi casa. Es el espacio donde pruebo, me equivoco, investigo y vuelvo, una y otra vez, a enamorarme del oficio.
Muchas de las herramientas que después se transforman en método nacen ahí, en el cuerpo en acción y en el contacto directo con el público. La creación escénica sigue siendo un motor fundamental de todo lo que hago y el punto de partida de mi investigación artística y pedagógica.
En los últimos años te venís dedicando especialmente a personajes de humor. ¿Cómo fue esa elección?
Es verdad, hace tiempo que el humor ocupa un lugar central en mi trabajo. Me interesa mucho crear personajes que rozan lo grotesco, que tienen algo exagerado, tierno y contradictorio a la vez, y que primero me hagan reír a mí. También me gusta pensar el humor como soporte del dolor. Siento que el humor permite decir cosas muy profundas sin ponerse solemne y genera una conexión muy directa con el público. Para mí es un territorio de mucha libertad creativa y también de gran precisión técnica.
Fuiste nominada a los Premios Trinidad Guevara justamente por Adorno, donde interpretás un personaje de humor. ¿Cómo viviste ese reconocimiento?
Fue una alegría enorme, porque sentí que se valoraba un trabajo en una línea que realmente me representa. En Adorno interpreté a Alicia, un personaje construido desde el humor, pero con muchas capas emocionales y contradicciones. Que ese tipo de búsqueda tenga reconocimiento es muy significativo, porque confirma que el humor también puede ser un lenguaje profundo, sensible y potente dentro de la escena.
Ariana Caruso
www.arianacaruso.com
Instagram: @alacaruso
Marcas: cómo y por qué pagan por valor
Cómo llevar los slouchy jeans esta temporada con estilo y comodidad
Así es la casa de Migue Granados: sala de ensayo, una cancha de básquet en el jardín y molino de viento