En los últimos años, el uso del tarot parece haber alcanzado una popularidad notable. Basta con entrar a una tienda para ver la gran cantidad de ejemplares y variantes de mazos que hoy podemos encontrar.
Ya no sólo hay más tarotistas: muchas personas consideran al tarot una herramienta de consulta valiosa y accesible.
No es la primera vez que este lenguaje simbólico alcanza renombre. Entre 1880 y 1930, el auge de las órdenes esotéricas surgidas en Europa —como la Golden Dawn, los Rosacruces y otros grupos herméticos— fue clave para revivir, reinterpretar y popularizar el Tarot. De hecho, el mazo más popular incluso al día de hoy surge de la Golden Dawn (Orden Dorada): el Rider Waite Smith, creado por Arthur Edward Waite, quien encomendó las ilustraciones a Pamela Colman Smith y fue editado por la Editorial Rider.

Entre los años 60 y 70 se da un nuevo empujón esotérico. Con la contracultura New Age asociada al movimiento hippie, se moviliza la espiritualidad junto con la búsqueda de identidad y autoconocimiento. En diálogo con prácticas como el yoga, la astrología y la meditación, y con el auge de terapias y dispositivos holísticos, crece el interés por el desarrollo y la expansión de la conciencia, apuntando al bienestar psico-físico y a lo que hoy conocemos como ocultismo postmoderno.
En la actualidad, el contexto de pandemia, sumado al auge de las redes sociales y a la posibilidad de generar espacios y comunidades virtuales, ha sido clave. Las RRSS parecen facilitar el acceso al tarot, la astrología y otras herramientas, sin necesidad de ir o pertenecer a una institución. Incluso vemos cómo marcas personales e instituciones crecen y se apoyan fuertemente en los medios digitales para hacerse visibles.
Sin ir más lejos, uno de los medios de consulta al tarot más utilizados hoy es ChatGPT. Si bien, desde mi punto de vista, no se asemeja ni tiene la misma calidad que puede aportar una sesión de tarot uno a uno con una persona especialista, no podemos obviar que es un recurso ampliamente utilizado.
Un factor central a la hora de reflexionar sobre el tarot como tendencia es el interés creciente por ser guiados, por sentirnos más fuertes y a gusto con las decisiones que tomamos: los trabajos, las parejas, las amistades que elegimos. Creo que, más que nunca, queremos ser protagonistas de lo que nos pasa, y eso nos habilita como consultantes. A la hora de intentar comprender por qué me pasa lo que me pasa, qué significa este acontecimiento en mi vida, cómo puedo mejorar mi forma de vincularme o cómo atravesar una dificultad o bloqueo, estos cuestionamientos transforman la consulta. Así, el tarot parece funcionar menos como un sistema adivinatorio y más como un lenguaje simbólico que ayuda a ordenar la experiencia, habilita preguntas y nos conecta con la intuición.
Tal vez ahí esté la clave de su vigencia: en un mundo acelerado y saturado de respuestas externas, el tarot no viene a decirnos qué va a pasar, sino a recordarnos que las preguntas importantes siguen siendo nuestras.
Florencia Marello
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