En cada una de las etapas de la historia han existido situaciones escolares vinculadas a la violencia en sus diversos modos, y los niños han tenido que lidiar con momentos de sufrimiento y dolor, a veces de modo silencioso. Hoy nos permitimos abordar con nombre propio esta problemática que, a mi criterio, es una conflictiva integral que nos compromete a todos:familia,escuela y sociedad.
En la infancia y adolescencia se vivencian importantes cambios subjetivos internos que tienen que ver con la constitución de la identidad y se va estructurando la personalidad.Además,las habilidades sociales se aprenden en el ámbito con pares y cada experiencia de intercambio con el otro afecta directamente a la construcción de autoestima y autoconcepto:dos pilares para evaluar salud emocional.
El bullying nos revela varias ausencias: la carencia de adultos referentes sólidos que acompañen en el desarrollo de la empatía, que ayuden a repensar vínculos y modos de resolver conflictos saludablemente. En un contexto social en que se destaca el individualismo, la búsqueda del propio placer, la permanente necesidad de exposición,la urgencia... los niños y adolescentes se ven involucrados en un tifón social para el que no están preparados y para el cual deben desarrollar recursos en el mejor de los casos.
Necesitamos adultos que acompañen desde la mirada, abriendo canales de comunicación y escucha, que se involucren en la vida de sus hijos, que acompañen en el uso de dispositivos electrónicos, que estimulan pensamiento crítico, habilidades sanas para el vínculo, empatía, solidaridad,respeto por las diferencias y que eduquen emocionalmente. Y espacios escolares o sociales que apoyen dichos ejes para construir juntos.
Tanta sintomatología, conductas de aislamiento, bajo rendimiento escolar, autolesiones,entre otros, nos están gritando la necesidad de ayuda ante un sufrimiento muchas veces escondido y silenciado.
Nuestra actualidad nos evidencia muchos padecimientos en infancias y adolescencias en relación a la mirada del otro, las etiquetas o rótulos asignados que solo dejan encerrado,sintomatología cada vez más florida de baja autoestima y mundos internos muy afectados por modos de violencia cada vez más complejos.
Hay mucho aún por repensar, no es una problemática fácil de abordar. Pero hay algo seguro: la imperante necesidad de trabajar en red, mancomunados como sociedad de modo integral.
Natalia Fraire
Lic. en Psicología
Mat.4667
cel. 3416 431916
ig. lic.psicologia.natalia.frair
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