jueves 09 de abril del 2026

Ansiedad: el cuerpo habla lo que la mente desordena

Por Lic. Concepción Sánchez. Galería de fotosGalería de fotos

Ansiedad: el cuerpo habla lo que la mente desordena
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Preocupación excesiva y constante, taquicardia y dificultad para dormir son algunos de los principales síntomas de la ansiedad. ¿Mi primer consejo? No te enojes con ella, prestá atención porque está intentando decirte algo.

Todos sentimos ansiedad en algún momento: antes de una entrevista, de rendir un examen o de tomar decisiones importantes. Es una reacción normal y adaptativa del cuerpo cuando entra en estado de alerta a raíz de una situación futura que se percibe como amenazante. El problema surge cuando, incluso en situaciones que no son realmente peligrosas, este estado se activa de manera persistente y desproporcionada, interfiriendo en tu vida cotidiana. Es muy notable cuando pensamos de manera catastrófica, autoboicoteadora vemos todo blanco o negro y sobre todo, aparecen miedos irracionales.

En un contexto de hiperconectividad, notificaciones 24/7, hiperproductividad, culpa por descansar e inmediatez,no es casual que estos síntomas estén cada vez más presentes. En primer lugar, es recomendable descartar algo médico ante síntomas físicos tales como molestias gastrointestinales, falta de aire y sudoración, entre otros. Ahora bien, ¿qué podés hacer con esto? Lo más importante es comprender de dónde viene y aprender algunas técnicas para su regulación.

Cuando la ansiedad es leve o moderada, traer la atención al presente alivia bastante. Podés usar los cinco sentidos para describir lo que percibís con cada uno en ese momento; escribir a mano descarga, activa parte del cerebro que da nuevas perspectivas y ralentiza la velocidad de los pensamientos; socializar ayuda a pensar en otras cosas y aumenta endorfinas; las actividades recreativas descargan con el cuerpo y permiten la expresión; la conexión con la naturaleza activa sentidos a través de la contemplación del paisaje, los sonidos y las texturas; y, por último, la respiración: con una mano en el pecho y otra en el abdomen, inhalá 4 segundos, exhalá 6 segundos y repetí “estoy a salvo aquí, ahora”.

Cuando la ansiedad es alta, recomiendo técnicas de impacto para desviar el foco de la emoción intensa: correr, saltar abriendo y cerrando brazos y piernas o hacer repiqueteos; gritar o pegarle a un almohadón; cambios de temperatura (hielos en muñecas o nuca, o baños fríos). Luego, con más calma, preguntate: ¿qué evidencia tengo para pensar en esto que me preocupa? ¿Se me ocurre alguna alternativa? ¿Qué le diría a alguien que quiero en esta situación?

Aprender a escuchar la ansiedad como señal y regularla es parte del proceso. Guardá estas técnicas en tu caja de herramientas y, desde ya, tené en cuenta que la terapia es clave para profundizar.

Concepción SanchezAlzaga, Psicóloga con orientación en terapia cognitivo conductual y arteterapia.


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