Carolina, tu recorrido profesional combina abogacía, asesoría de imagen y producción de moda. ¿Cómo dialogan hoy esas disciplinas en tu trabajo?
Durante muchos años ejercí la abogacía, una profesión que me dio estructura, análisis y una fuerte capacidad de escucha. Hoy esas herramientas siguen presentes, pero aplicadas a otro tipo de procesos. La asesoría de imagen también requiere comprender al otro, trabajar con objetivos claros y acompañar decisiones importantes. La producción de moda, por su parte, me aportó una mirada creativa, estética y estratégica. Todo eso convive en mi trabajo actual, donde la imagen se aborda de manera integral, profesional y consciente.

¿Qué te llevó a tomar la decisión de dar ese giro de 180° profesional?
Llegar a los 40 fue un punto de quiebre. Se dieron varias situaciones personales al mismo tiempo: una ruptura amorosa, una mudanza, conflictos familiares. Sentí que estaba muy lejos de la vida que había imaginado para mí. Ahí apareció una pregunta inevitable: “¿Esta es la vida que quiero seguir viviendo?”. Fue un momento incómodo, pero también profundamente revelador. Entendí que sostener los mandatos ya no me daba seguridad, sino desgaste.
¿Cómo aparece la asesoría de imagen en ese proceso de transformación personal?
Apareció casi de manera intuitiva. Recuerdo leer el programa de la carrera y sentir una emoción muy genuina. Desde la primera clase entendí que la imagen no es superficial: es comunicación, identidad y energía. Empezar a trabajar con mi imagen fue empezar a prestarme atención. A elegir colores, prendas y texturas según cómo me sentía. Esos pequeños gestos cotidianos cambiaron mi percepción y mi forma de habitar el día a día.
¿Qué significa para vos hoy la asesoría de imagen, más allá de la moda?
La moda es solo una parte. La asesoría de imagen es un proceso de autoconocimiento. Implica entender quién sos, dónde estás parada y qué querés comunicar. La imagen habla antes que las palabras, y cuando está alineada con la identidad, genera seguridad y coherencia. Mi trabajo no es imponer estilos ni tendencias, sino ayudar a cada persona a encontrar el propio, desde la autenticidad.
Te formaste en Argentina y luego viajaste sola a Barcelona para realizar un máster. ¿Qué aportó esa experiencia a tu mirada profesional?
Fue una experiencia muy enriquecedora, tanto a nivel profesional como personal. Apostar por mi formación y viajar sola fue una manera de confiar en el camino que había elegido. El máster me dio una visión más global de la moda y la asesoría de imagen, nuevas herramientas y mucho intercambio cultural. También reforzó mi deseo de dedicarme de lleno a acompañar procesos de transformación desde la imagen.
Hoy acompañás a personas que buscan un cambio. ¿Qué diferencia a tu enfoque como asesora de imagen?
Creo que la empatía y la experiencia personal marcan la diferencia. No hablo solo desde la teoría, sino desde haber atravesado un proceso de reinvención. Entiendo el miedo, la inseguridad y la resistencia al cambio. Por eso mis asesorías son personalizadas, humanas y respetuosas de los tiempos de cada persona. La imagen puede ser una gran aliada cuando se trabaja con conciencia.
¿Qué le dirías a alguien que siente que necesita un cambio, pero todavía no se anima?
Que no hace falta tener todo resuelto para empezar. A veces el cambio comienza con una pregunta o con una elección pequeña. La imagen puede ser ese primer paso concreto: una forma de volver a mirarse y de reconectar con lo que uno es hoy. Reinventarse no es empezar de cero, es volver a una misma con más claridad y confianza.
Instagram: @cc_asesoriadeimagen
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