Hay un momento —más frecuente de lo que se dice— en el que una madre siente que no puede más. Se desborda, pierde la paciencia, reacciona de una manera que no le gusta y, casi de inmediato, aparece la culpa.
Lejos de ser un problema a corregir, ese desborde puede ser leído como una señal. No habla solo del niño, sino de lo que se activa en el vínculo. Hay algo ahí que insiste en mostrarse.
Muchas veces, el hijo no es quien genera el conflicto, sino quien lo revela. Con sus actitudes, sus emociones o sus formas de reaccionar, toca fibras sensibles en la madre: cansancio, exigencia interna o emociones no resueltas.

Intentar cambiar únicamente la conducta del niño suele generar más frustración. Porque lo que está en juego no es solo lo que el niño hace, sino cómo eso impacta en la madre.
Cuando una mujer empieza a mirar ese momento con otros ojos, algo cambia. Deja de preguntarse “¿cómo hago para que deje de hacer esto?” y comienza a preguntarse “¿qué me pasa a mí con esto?”.
Ese cambio de mirada abre un camino distinto: el del vínculo consciente.
Desde el coaching astrológico, integrado con herramientas holísticas, estas situaciones pueden trabajarse en profundidad, acompañando a la madre en su proceso de transformación personal y vincular.
Mariana de Castro
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