viernes 10 de abril del 2026

Lactancia real: cuando amamantar no es solo dar la teta

Por Vicky Polleri, psicóloga perinatal y puericultora, creadora de Prana Crianza. Galería de fotosGalería de fotos

Lactancia real: cuando amamantar no es solo dar la teta
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La lactancia suele aparecer en el imaginario como algo natural, instintivo, casi automático. Una escena calma, fluida, amorosa. Pero en la experiencia real de muchas mujeres, amamantar puede ser también desafiante, agotador y emocionalmente movilizante.

Entre lo que se espera y lo que sucede, muchas veces hay una distancia que duele. Y cuando duele —física o emocionalmente—, aparece la culpa.

Hablar de lactancia real no es ir en contra de la lactancia. Es, justamente, la manera más honesta de acompañarla.

—¿Por qué la lactancia suele vivirse con tanta intensidad emocional?

Porque no es solo una función biológica. Es una experiencia que involucra el cuerpo, la historia personal, el vínculo con ese bebé y también las expectativas propias y sociales. Amamantar expone mucho: el cuerpo, el tiempo, el cansancio, la disponibilidad.

—¿Qué pasa cuando la experiencia no es como se esperaba?

Aparece frustración, enojo, tristeza, incluso ambivalencia. Y muchas veces, silencio. Porque todavía hay una idea instalada de que “si es natural, debería salir bien”. Pero la lactancia no siempre es inmediata ni sencilla. Y eso no habla de la capacidad de esa madre.

—El dolor sigue siendo un tema muy presente. ¿Es normal?

El dolor puede aparecer, sobre todo al inicio, pero no debería sostenerse en el tiempo. Cuando duele, es una señal de que algo necesita ser revisado: la posición, el agarre, el acompañamiento. Desde la puericultura trabajamos mucho en esto, porque una lactancia que duele impacta directamente en el bienestar emocional.

—¿Qué lugar ocupa el cansancio en todo esto?

Un lugar enorme. La lactancia requiere tiempo, energía y presencia constante. Cuando se suma el sueño fragmentado, el cuerpo en recuperación y la demanda del bebé, el agotamiento es real. Y el cansancio también influye en cómo se viven las emociones.

—Hablás de la lactancia como un “territorio sensible”. ¿A qué te referís?

A que el cuerpo materno no es solo un cuerpo que alimenta. Es un cuerpo atravesado por la historia, por cómo esa mujer se ha vinculado con su propio cuerpo, por sus experiencias previas. La lactancia puede despertar sensaciones muy diversas: placer, incomodidad, rechazo, conexión profunda. Todo eso necesita ser alojado, no juzgado.

—¿Las dificultades en la lactancia pueden tener un componente emocional?

Sí, muchas veces sí. No siempre son solo técnicas. El estrés, la ansiedad, la falta de sostén, el miedo a “no poder”, pueden interferir. Por eso el abordaje tiene que ser integral. No alcanza con corregir una postura si no se escucha a esa mujer.

—¿Qué significa acompañar la lactancia sin imponer?

Significa salir del mandato. No todas las lactancias son iguales, ni todos los caminos son lineales. Acompañar es ofrecer información, herramientas y sostén, pero respetando los tiempos, las decisiones y la singularidad de cada mujer. Sin culpa, sin presión.

—¿Qué le dirías a una mujer que está sufriendo en su lactancia?

Que no está sola. Que lo que le pasa tiene sentido. Y que pedir ayuda a tiempo puede transformar completamente la experiencia. La lactancia no debería doler ni vivirse en soledad.

La lactancia es mucho más que alimentar. Es una experiencia vincular, emocional y corporal que necesita ser acompañada con sensibilidad.

Porque cuando baja la exigencia y aparece el sostén, amamantar también puede convertirse en una experiencia más amable para esa mujer y su bebé.

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