sábado 10 de octubre del 2026

LÍMITES: entre el miedo a Frustrar y la necesidad de Enseñar

A veces, por amor, intentamos evitarles a nuestros hijos todo aquello que les duele. Pero crecer también implica frustrarse, escuchar un “No” y aprender que no siempre podemos tener lo que queremos. El desafío de criar no es evitarles la frustración, sino acompañarlos a descubrir que pueden atravesarla. Galería de fotosGalería de fotos

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En ocasiones, como padres, nos duele ver a nuestros hijos frustrados. Nos cuesta escuchar que ese “¡no!”, se convierta en llanto, enojo o un tremendo berrinche. Y entonces cedemos, resolvemos, negociamos de más o evitamos el conflicto. Queremos ahorrarles el malestar, la decepción, el dolor.

LÍMITES: entre el miedo a Frustrar y la necesidad de Enseñar

Pero los niños no necesitan padres que eviten todas sus frustraciones. Necesitan adultos que puedan acompañarlos cuando algo no sale como esperan y enseñarles que pueden atravesarlo.

Porque Frustrarse no daña; y Poner límites tampoco.

Nuestros hijos necesitan aprender, que no siempre pueden tener lo que quieren. Que algunas cosas cuestan. Que otras no salen como esperaban y que habrá momentos en los que tendrán que esperar, aceptar un “no” o tolerar que la realidad no se ajuste a sus deseos.

Y esto no significa dejarlos solos frente a su frustración. Significa estar ahí. Validar lo que sienten sin cambiar necesariamente el límite. Decirles: “Sé que estás enojado. Entiendo que esto no te guste. Estoy acá con vos, pero la respuesta sigue siendo NO”.

Porque acompañar las emociones no significa evitarlas. Significa enseñarles a transitarlas, a atravesarlas.

Tal vez uno de los mayores desafíos de la crianza actual sea aprender a tolerar nosotros mismos la frustración de nuestros hijos. Porque cuando los vemos llorar, enojarse o sufrir, algo en nosotros quiere intervenir rápidamente para que dejen de sentirse así.

Pero si cada vez que un niño se frustra corremos a resolverlo, seguramente le evitamos el malestar del momento… pero TAMBIÉN le estamos quitando la oportunidad de descubrir algo fundamental: que PUEDE tolerarlo. Que puede enojarse y calmarse. Que puede decepcionarse y seguir adelante. Que puede escuchar un “No” y, con el tiempo, aprender que no significa que dejó de ser amado.

Nuestros hijos no necesitan una infancia sin frustraciones. Necesitan una infancia acompañada.

Porque educar también es animarnos a sostener un “No”, mientras abrazamos el “sé que esto te duele”.

Porque poner límites no es dejar de cuidar. A veces, es una de las formas más profundas de hacerlo.

Porque nuestros hijos no necesitan que les allanemos el camino para que nunca tropiecen. Necesitan saber que, cuando el camino se vuelva difícil, VAMOS A ESTAR AHÍ.

No podemos evitarles todas las frustraciones de la vida. Y tampoco deberíamos intentarlo, porque un niño que nunca aprende a tolerar un “No”, difícilmente aprenderá a tolerar un mundo que no siempre dice “Sí”.

Educar también es preparar para la vida. Y la vida, inevitablemente, frustra.

Por eso, probablemente AMAR no sea evitarles cada caída, cada límite o cada decepción. Quizás AMAR sea mucho más: quizás sea tener el coraje de no evitarles el dolor que necesitan atravesar y, al mismo tiempo, asegurarnos de que nunca tengan que atravesarlo solos.

Lic. Georgina Giuliodori

Psicóloga- M.P. 20513

Instagram: @ps.georginagiuliodori

Mail: [email protected]

 

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