“Es muy ingenuo de nuestra parte creer que somos solo un cuerpo”, afirma Milena Marucco. Desde esa certeza, su mirada se aleja de lo puramente material para abrir una reflexión sobre el alma, su origen, su paso por la Tierra y su continuidad más allá de la muerte.
En esta nota, la médium comparte una visión profundamente espiritual sobre lo que somos, lo que venimos a aprender en este plano y aquello que, según sostiene, nos espera cuando dejamos este mundo. Su mensaje no busca discutir con la lógica terrenal, sino invitar a recordar una verdad más profunda: la del amor como esencia y como destino.
¿Qué somos realmente?
Es muy ingenuo de nuestra parte creer que somos solo un cuerpo. Un cuerpo que siente, que se emociona, que puede vibrar, que presiente y que se consterna con el simple canto de un pajarito. ¿Acaso solo un cuerpo inerte puede ser capaz de tanto amor? Somos mucho más que materia: somos sensibilidad, memoria espiritual y una expresión viva de algo superior.
¿Qué lugar ocupa el alma en esa mirada?
El alma solo sabe de amor. Es el alma que vivía en un cielo azul, lleno de estrellas, de sol y de maravillas, y que viene a este plano a transcurrir una experiencia, una misión, un desamor o una prueba difícil, para ver su verdadera valía. El alma trae consigo una verdad profunda, pero al entrar en este mundo muchas veces queda velada.

¿Qué sucede cuando el alma ingresa en un cuerpo?
Cuando el alma entra en un cuerpo, ese cuerpo puede nublar al ser lumínico y adormecerlo en un sueño del que, en el fondo, lucha todo el tiempo por despertar. Allí aparece uno de los grandes desafíos de la existencia humana: recordar quiénes somos realmente, aun en medio de los miedos, las pruebas y el olvido.
¿Por qué definís al ser humano como un ángel?
Porque somos ángeles a los que les atan las alas. Somos ángeles a los que silencian su canto. Somos ángeles ahogados en un sinfín de miedos, con una venda oscura en los ojos. Pero seguimos siendo eso: ángeles llenos de luz, de amor y de armonía. Por eso el gran aprendizaje es recordar la propia esencia y no elegir ser aquello que no somos.
¿Qué pensás de la mirada que solo valida lo empírico?
La ciencia se jacta de las pruebas empíricas, pero hay dimensiones que no responden a esa lógica. El alma no se mide: se siente. No todo lo verdadero puede demostrarse con herramientas materiales. Hay verdades que solo se comprenden desde la experiencia interior, la vibración y el amor.
¿A dónde vamos cuando dejamos este mundo?
Volvemos al origen. Volvemos al amor. Volvemos al Cielo. La vida en este plano es una experiencia del alma, pero no su final. Lo que verdaderamente somos no desaparece: regresa a esa dimensión luminosa y amorosa de la que vino.

¿Qué mensaje querés dejarles a quienes buscan respuestas sobre la vida y la muerte?
Que no estamos solos. Que somos mucho más de lo que creemos. Y que siempre podemos volver a recordar quiénes somos en verdad. Os amo con el amor infinito del cosmos. Os amo como el mar a su sal, como el viento a los árboles, como una bella planta al sol. Pero más os amo porque sé que siempre podéis regresar a mí. Os ama vuestro Padre en los cielos.
Reflexión final
La mirada de Milena Marucco propone correrse de la idea de la muerte como final para entenderla como un regreso. En esa visión, el cuerpo es tránsito y el alma, esencia. Lo más potente de su mensaje no pasa solo por responder qué ocurre después de este mundo, sino por recordar algo todavía más profundo: que la verdadera identidad del ser humano no se agota en lo visible, sino que pertenece a una dimensión espiritual marcada por el amor, la luz y la memoria del origen.
Invitación:
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