¿Cuántas veces hemos dado por sentado que estornudar, reírnos a carcajadas o correr implica un pequeño "accidente" inevitable? En el universo de la salud femenina, nos han enseñado a convivir con incomodidades silenciosas. Sin embargo, la salud de nuestro suelo pélvico no es un área negociable de la vida cotidiana. La incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE) es la pérdida involuntaria de orina que se produce al realizar una actividad que aumenta la presión abdominal, como toser, estornudar, saltar o levantar peso. Ocurre fundamentalmente cuando los músculos y tejidos de soporte del suelo pélvico se debilitan, perdiendo la capacidad de sostener adecuadamente la uretra y la vejiga, una consecuencia frecuente de los embarazos, partos, el paso del tiempo o los cambios hormonales.

Gotear al correr tras el colectivo, sentir una ligera pérdida al saltar la soga en el gimnasio o tener que calcular la distancia al baño antes de una reunión social son situaciones que muchas mujeres naturalizan. Lejos de ser gajes del oficio o consecuencias obligatorias de la maternidad y la edad, son claras señales de alerta que nos envía nuestro cuerpo pidiendo atención. El impacto de la IUE trasciende con creces lo físico: a nivel deportivo limita el rendimiento y aleja a muchas mujeres de la actividad física que disfrutan, mientras que en la intimidad genera inseguridad y merma la espontaneidad. Todo esto socava silenciosamente la autoestima, transformando la confianza personal en un terreno de constante preocupación.
A pesar de esto, el tabú y la vergüenza siguen operando como barreras invisibles. Muchas pacientes asumen erróneamente que es un problema sin solución o sienten pudor al hablar de su zona íntima en la consulta médica, perpetuando un sufrimiento que podría evitarse. Afortunadamente, la medicina estética y ginecológica regenerativa ofrece hoy soluciones altamente efectivas y ambulatorias que evitan el quirófano. Entre las alternativas más destacadas se encuentra el tratamiento con Láser, un protocolo de tres sesiones realizadas cada 21 días que estimula la producción de colágeno y tensa los tejidos vaginales. Esta opción se complementa de manera excepcional con la Silla Pélvica, un dispositivo de alta tecnología basado en electromagnetismo enfocado que provoca miles de contracciones musculares involuntarias en pocos minutos, fortaleciendo el suelo pélvico desde sus capas más profundas a través de un protocolo de seis sesiones realizadas cada 7 días.
Hoy contamos con el conocimiento, la empatía y la tecnología de vanguardia para devolverle a cada mujer el dominio absoluto de su cuerpo. El primer paso es dejar atrás el silencio, consultar a especialistas y comprender que merecemos vivir sin condicionamientos, recuperando por completo el control de nuestro suelo pélvico y la libertad que nos pertenece.
Dra. Daniela López Pereira
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