Los límites son el inicio del camino hacia tener relaciones saludables con los demás y con uno mismo. Son una manera de pedir a los demás sin renunciar a tus necesidades. Vivimos en un mundo donde muchas veces el decir que no a algo o alguien está mal visto. Aprender a distinguir cuándo decir que no y cuándo decir que sí también forma una parte esencial en la interacción con los demás.
En los aviones, cuando se dan las instrucciones de seguridad, la primera regla ante una despresurización de cabina es: “Póngase la mascarilla de oxígeno propia antes de ayudar al otro”. No es casualidad. Muchas veces, por priorizar al otro, no terminamos haciendo ninguna de las dos cosas: ni cuidamos al otro ni nos cuidamos a nosotros mismos. Priorizarte no quiere decir que no vas a ayudar, sino que el orden en el que harás las cosas va a ser distinto. Primero te pondrás tu mascarilla, para así tener más energía y luego poder ayudar al otro.
La clave del autocuidado está en los límites, ya que muchas veces tenemos que decirle que no a algo o a alguien para decirnos que sí a nosotros mismos. Supongamos que una amiga te invita a una fiesta donde no conocés a muchas personas luego de un día sumamente agotador de trabajo, pero te da culpa decirle que no. Pensemos lo siguiente: ¿Podrías ver a tu amiga en otro contexto u otro día? ¿Te sirve ir a la fiesta estando cansada y de mal humor?
El primer paso de poner un límite es comunicar y el segundo es defender con nuestra conducta lo que comunicamos, es decir, actuar. Ahora bien... ¿Y cómo poner límites SIN CULPA? Esperamos el día perfecto para sentirnos 100% seguros para decir que no. Spoiler: ese día NO va a llegar. El secreto no está en dejar de sentir culpa, sino en sentirla y avanzar con ella a cuestas. Al principio va a ser muy incómodo, pero luego de comprobar que sobreviviste a esa incomodidad es donde vas a ver que el esfuerzo valía la pena, tanto como para volver a intentarlo. Con el tiempo, esa incomodidad suele perder intensidad y aparece una sensación de mayor bienestar y coherencia con uno mismo al haber podido poner un límite. Así, la satisfacción de haber cuidado y respetado tus necesidades funciona como un refuerzo que aumenta las probabilidades de volver a poner límites en el futuro.
Lic. María Agustina Rebolo - MN 76418| MP 85984
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