La imagen personal no se trata de seguir tendencias ni de “verse bien” para otros. Se trata de aprender a leerte, entender qué querés transmitir y usar la ropa como una herramienta real de expresión. Y cuando empezás a vestir desde tu esencia, algo cambia: te ves distinta, pero sobre todo, te sentís distinta.

Durante mucho tiempo, hablar de imagen personal parecía estar ligado únicamente a lo superficial: la ropa, la estética, lo que “queda lindo” o lo que está de moda. Y sí, la ropa se ve. Pero lo que muchas veces no se ve es todo lo que pasa detrás de una elección.
Cuando una persona empieza a conectar con su estilo, entiende algo más profundo: vestirse es una forma de comunicación silenciosa. Incluso cuando no decimos nada, nuestra imagen ya está contando una historia. Y esa historia puede estar alineada con quién sos o puede estar hablando desde un lugar que ya no te representa.
Yo misma lo viví. Hubo un momento en el que entendí que no estaba eligiendo mi ropa por mí, sino por lo que creía que “se esperaba” de mí. Y cuando empecé a hacerme preguntas más honestas ¿qué me gusta? ¿qué me queda cómodo? ¿qué me hace sentir segura? ¿qué quiero transmitir? Mi estilo dejó de ser algo que me exigía, y se convirtió en algo que me acompañaba.
Como asesora de imagen y estilista, lo veo muy seguido: un cambio de estilo puede cambiar la seguridad de una persona. No porque se “arregló”, sino porque se reconoció. Porque dejó de vestirse para cumplir expectativas y empezó a vestirse para sentirse ella.
La imagen personal no se construye copiando lo que se usa, sino encontrando coherencia entre lo que somos, lo que vivimos y lo que elegimos mostrar. Ahí aparece el verdadero valor del estilo: no como un disfraz, sino como una extensión de identidad.
En un mundo donde todo va rápido y donde las tendencias cambian cada semana, el estilo se vuelve un refugio. Nos devuelve a lo esencial: ¿qué me representa?, ¿qué me hace sentir segura?, ¿qué prendas elijo cuando quiero sentirme yo? Y muchas veces, la respuesta no está en tener un guardarropa enorme, sino en tener piezas con intención.
Al final, la imagen personal no se trata de cambiar quién sos, sino de potenciarlo. Y cuando vestirte se vuelve un acto consciente, tu estilo deja de ser algo externo y se transforma en algo propio.
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